Tensión en Italia por la agresión al presidente del Consejo
 

El partido de Berlusconi culpa a periodistas, jueces y oposición del ataque del domingo

l Tartaglia lamenta su acto «cobarde» l Testigos afirman que no actuó solo l La seguridad del primer ministro, que recibirá hoy el alta, en el punto de mira

 07:55  
Berlusconi, tras el ataque.
Berlusconi, tras el ataque. 

EFE Roma / Oviedo

La tensión política se mantiene en máximos en Italia. Ayer, dos días después de que el desequilibrado Massimo Tartaglia agrediera en Milán al presidente del Consejo, Silvio Berlusconi, los partidos se enfrentaron con toda dureza en la Cámara de los Diputados. El partido de Berlusconi, Il Popolo della Libertá (PDL), no dudó en culpar a determinados periodistas y jueces, así como a parte de la oposición de crear el caldo de cultivo en el que se fraguó la agresión.

Según las previsiones médicas, Berlusconi saldrá hoy, miércoles, por la tarde del Hospital San Raffaele de Milán, donde fue internado tras ser golpeado por Tartaglia con una reproducción turística de la catedral de Milán. El médico personal del primer ministro, Alberto Zangrillo, advirtió, no obstante, de que tendrá que abstenerse de actividad pública durante quince días.

Berlusconi, que además de la rotura de dos dientes y del labio superior sufrió fractura del tabique nasal y una herida en la encía, come aún con dificultad, aunque ha experimentado alguna mejoría. Respecto a su estado anímico, Zangrillo reconoció que es más bien «bajo», aunque también en este punto se está recuperando.

«Se encuentra sereno ante la recuperación de sus condiciones físicas, pero sigue teniendo un poso de amargura por cuanto ha sucedido y por algunas cosas posteriores», explicó, seguramente en referencia a la tensión que se sigue viviendo en Italia en estos días.

Tartaglia, de 42 años, insistió ayer en que actuó solo y pidió disculpas por un acto que calificó de «superficial, cobarde y temerario». Sin embargo, no faltan algunos testigos que lo contradicen. Andrea Di Sorte, testigo directo de la agresión, aseguró ayer que vio cómo alguien situado a la espalda del agresor le pasaba el objeto con el que cometió el ataque. Este testimonio se suma al de otras dos personas que explicaron el lunes en televisión que antes del mitin habían avisado a la Policía de que una persona (Tartaglia) profería amenazas contra Berlusconi.

Sin embargo, el ministro del Interior, Roberto Maroni, durante una comparecencia ante la Cámara de los Diputados para informar de los detalles de la agresión, aseguró que las fuerzas del orden no habían recibido ningún aviso serio de un posible ataque.

La agresión a Berlusconi ha abierto un amplio debate en Italia sobre si hubo algún fallo en el cordón de seguridad del jefe del Ejecutivo, puesto que el agresor se encontraba muy cerca en el momento de los hechos. Sobre este asunto, Maroni subrayó que no se dio ningún fallo, y sostuvo que «Berlusconi tiene todo el derecho a acercarse a sus seguidores, porque esto es la democracia y la política».

El subsecretario de la Presidencia, Paolo Bonaiuti, explicó que, a pesar de la agresión, «será muy difícil» convencer a Berlusconi de que no se acerque a la gente. No obstante, los servicios secretos creen que a partir de ahora se deberá decir «no» a Berlusconi en algunas ocasiones ante su deseo de acercarse a la gente, pues eso le pone en peligro, ya no sólo como persona, sino también como jefe de una institución italiana.

Fue precisamente durante la comparecencia de Maroni ante la Cámara cuando se abrió la caja de los truenos de las acusaciones partidistas. El portavoz del PDL, Fabrizio Cicchitto, acusó a una parte de la magistratura, a algunos periodistas y al partido Italia de los Valores (IDV), del ex fiscal Di Pietro, entre otros, de haber armado «la mano de quien agredió a Berlusconi».

Según Cicchitto, Tartaglia actuó instigado por «una despiadada campaña de odio» llevada a cabo por una «red» compuesta por el grupo editorial «Repubblica»-«L'Espresso», el periodista Marco Travaglio -autor de diversos libros sobre Berlusconi-, a quien calificó de «terrorista mediático», algunos fiscales y el partido Italia de los Valores.

Cicchitto tampoco se olvidó del líder del Partido Democrático, el principal de la oposición, Pierluigi Bersani, a pesar de las demostraciones de solidaridad que ha tenido con Berlusconi, trasladándose personalmente al hospital donde se halla ingresado para visitarle.

Desde el centro hospitalario, Berlusconi lanzó ayer sus primeras declaraciones públicas desde el ataque, utilizando la web de su partido: «El amor vence siempre, por encima de la envidia y del odio», dijo.

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