EFE
Islamabad
Las autoridades investigaban ayer el atentado suicida que el viernes mató a más de 90 personas, incluidos varios niños, en una cancha de voleibol del conflictivo noroeste de Pakistán, el último de una gran ola terrorista al hilo de las operaciones del Ejército en los principales feudos de los talibán.
Al menos veinte funerales tuvieron lugar ayer por las víctimas del atentado, la mayoría civiles, mientras que más de 60 personas se recuperan de sus heridas, entre ellas diez en estado grave.
La acción fue perpetrada por un suicida, que hizo estallar los 300 kilos de explosivo que portaba en su vehículo en medio de un partido de voleibol en una pequeña localidad del distrito de Lakki Marwat. La deflagración causó el derrumbe de una veintena de edificios.
Ningún grupo se ha atribuido la autoría de la masacre, aunque diversas fuentes de inteligencia no dudan en adjudicárselo a Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), movimiento que aglutina a diversas facciones.
El Ejército combate actualmente al TTP en varios frentes de las cercanas áreas tribales fronterizas con Afganistán, incluido el que se considera su máximo bastión, Waziristán del Sur, donde hay en marcha una operación militar a gran escala. La comandancia paquistaní asegura haber eliminado a más de 600 integristas, pero no ha descabezado a la cúpula del movimiento y, paralelamente, en los últimos tres meses una ola terrorista ha causado casi 800 muertos en medio centenar de atentados.