Washington / Oviedo
El Gobierno norteamericano protestará formalmente esta semana ante el chino por el ciberataque que sufrieron a mediados de diciembre decenas de empresas estadounidenses -algunas de ellas, como Northrop Grumman, estrechamente vinculadas con el Pentágono- y en el que, a través de los servidores de Google, los «hackers», lograron entrar también en las cuentas de correo de disidentes y activistas pro derechos humanos.
Los expertos en seguridad en internet consideran que la respuesta del Gobierno de EE UU da idea de la magnitud del ciberataque y de que se trata de uno de los mayores casos de espionaje industrial de la historia.
Google decidió revelar el ataque después de esperar inútilmente a que alguna de las firmas afectadas lo hiciera y lo convirtió en un asunto político que hasta hizo salir a la palestra a la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
El gigante de internet está investigando si uno o más de sus empleados en China podrían haber ayudado a facilitar el ciberataque, dijeron ayer dos fuentes a «Reuters».
El buscador dijo la semana pasada que estaba considerando dejar el mercado chino, pero ayer, en la segunda semana de una disputa al más alto nivel con Pekín, Google alzó la voz para negar que vaya a abandonar el país. La firma había dicho también que ya no tiene intención de seguir filtrando el contenido de su buscador en chino google.cn, y que intentaría negociar un buscador legal sin filtros o dejar el mercado.