Santiago
Chile, un país que vivió una larga y cruenta dictadura tras el golpe militar de Augusto Pinochet, quien falleció hace tres años, dio el domingo un ejemplo de normalidad democrática y buen funcionamiento de sus instituciones, según destacaron ayer políticos y analistas.
Hay pocos países en el mundo, y mucho menos en América Latina, en las que, con algunas mesas de votación todavía abiertas y apenas media hora después del primer escrutinio parcial, el candidato perdedor reconozca su derrota por menos de cuatro puntos.
Y menos frecuente aún es que la presidenta de la República telefonee para enviar un entusiasta y sincero mensaje de felicitación al candidato de la oposición, con los canales de televisión transmitiendo en directo.
Pero lo que no tiene parangón en los países de la región es que los dos protagonistas de la jornada, el derechista y vencedor de los comicios, Sebastián Piñera, y el oficialista Eduardo Frei, comparezcan juntos en público acompañados de sus respectivas familias.
Las muestras de respeto, apoyo y admiración que ambos se dedicaron fueron sólo la continuación de la primera aparición pública de Frei, que apenas media hora después de conocer los primeros resultados reconoció su derrota. La normalidad democrática se vivió ya desde primeras horas, donde sólo se registró un enfrentamiento verbal entre seguidores de uno y otro candidato.
Sólo dos horas después del cierre de los colegios, el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, ofreció los primeros datos, con el 60,32% de los votos escrutados. Las cifras otorgaban a Piñera una ventaja de 3,75 puntos, y tanto los líderes de la Concertación como el propio Frei se apresuraron a reconocer sin ambages el triunfo de su rival. Luego, la socialista Michelle Bachelet llamó a Piñera para felicitarle, hizo después lo propio con Frei. Éste, entonces, compareció junto a Piñera.