Oviedo, Luis MUÑIZ
El presidente electo de Chile, el empresario de origen asturiano Sebastián Piñera, se afanó ayer en presentarse ante la prensa extranjera como un campeón de la libertad y la defensa de los derechos humanos, un día después de erigirse en adalid del diálogo y el consenso y de prometer que mantendrá el legado de reformas de la Concertación, la coalición de democristianos y socialistas que ha gobernado el país desde el fin de la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990).
«Quienes hayan cometido atropellos a los derechos humanos tienen que asumir sus responsabilidades», advirtió Piñera, que el domingo logró para la derecha la primera presidencia conquistada en las urnas desde 1958. «Ninguna circunstancia, por grave o extraordinaria que sea, justifica jamás» la violación de los derechos humanos», recalcó el empresario, informa «Efe».
«Como presidente colaboraré para que el poder judicial pueda seguir avanzando en el camino de la verdad y la justicia», prometió Piñera. El hasta ahora candidato de Coalición por el Cambio, uno de los hombres más ricos de Chile, venció al oficialista Eduardo Frei al frente de una coalición en la que, además de su partido, Renovación Nacional, figura la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI).
A finales de los años ochenta, Piñera financió la campaña del plebiscito contra la continuidad del dictador en el poder, pero durante la reciente campaña electoral medios chilenos informaron de una reunión secreta en la que, ante un centenar de ex oficiales, se habría comprometido a torpedear la acción de la justicia en los procesos por violaciones de los derechos humanos. El empresario lo negó rotundamente.
Por otra parte, Piñera marcó diferencias con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el bloque de países que lidera, y situó a Chile en un grupo al que pertenecen otros como Brasil, Colombia o México. De Chávez, dijo que no le gusta «la forma en que practica la democracia» ni «el modelo económico».
Entre tanto, la Concertación se enfrenta a un futuro incierto tras su derrota y, según los analistas, necesita un cambio generacional y nuevas ideas si no quiere exponerse a quedar desmembrada.