Oviedo, E. FUENTES
El primer discurso sobre el estado de la Unión que la próxima madrugada (hora española) pronunciará el presidente Obama marcará las grandes líneas de su política para el próximo año, marcadas por la crucial derrota del pasado día 19 en Massachusetts, que hizo perder a los demócratas la mayoría en el Senado.
Los adelantos filtrados en los dos últimos días anuncian que al giro populista que Obama ha imprimido a su discurso desde la pasada semana le acompañarán medidas en favor del empleo y la clase media, así como contra el déficit público. Según anunció ayer la oficina presupuestaria del Congreso, éste será de 1,35 billones de dólares en el ejercicio 2010, que termina el próximo 30 de septiembre, lo que representa una ligera baja respecto a los 1,4 billones del ejercicio 2009 (equivalentes al 10% del PIB).
Para contribuir a esta reducción del déficit, Obama adelantará hoy que su próximo presupuesto, que presentará en febrero, recogerá una congelación parcial del importe de numerosas partidas, que durante el resto de su mandato sólo crecerán para adaptarse a la inflación. Con esta medida, Obama aspira a reducir el déficit en 250.000 millones de dólares en diez años. Quedan fuera de la congelación los gastos de Defensa, seguridad nacional, ayuda exterior, sanidad y Seguridad Social.
Estas medidas se suman a las anunciadas el lunes en respaldo de la clase media: ampliar las exenciones fiscales por cuidado de niños y adultos dependientes, limitar los intereses de los créditos a estudiantes y favorecer los planes de pensiones.
Obama recibió ayer, sin embargo, un varapalo respecto a una iniciativa lanzada el sábado: el Senado rechazó la formación de una comisión bipartidista contra el déficit, arguyendo los detractores republicanos el riesgo de que desemboque en una subida de impuestos, mientras que los oponentes demócratas manifestaron su temor a recortes en los programas médicos Medicaid (para familias con bajos ingresos) y Medicare (para jubilados). Obama estudia ahora su creación mediante un decreto de la Casa Blanca, según anunció ayer su portavoz, Robert Gibbs.
Mientras, los demócratas han dado un nuevo giro a la reforma sanitaria. Tras parecer la pasada semana listos para un difícil acuerdo de mínimos con los republicanos, ahora se mueven en otra dirección. El Senado trabaja en la modificación de su proyecto para que sea aceptable por la Cámara. Las modificaciones adoptarían una apariencia presupuestaria, que sólo exigiría los votos de 51 de los 59 senadores demócratas. Lo difícil es dar apariencia presupuestaria a la prohibición de abortos con fondos públicos, exigida por los representantes demócratas.