París
El ex primer ministro francés Dominique de Villepin fue absuelto ayer de toda implicación en el llamado «caso Clearstream», por lo que se mostró dispuesto a retornar plenamente a la arena política, donde en los últimos meses ha desafiado al presidente, Nicolas Sarkozy.
«Herido» pero «sin rencor» tras la persecución judicial a la que fue sometido, Villepin aseguró querer «pasar la página» del caso y «mirar al futuro para servir a los franceses y contribuir en un espíritu de unión a la recuperación de Francia».
El que fuera jefe de Gobierno entre 2005 y 2007 se desembaraza así del «caso Clearstream», que durante años ha lastrado su carrera política y le impidió rivalizar con Sarkozy por la candidatura conservadora a las presidenciales de 2007.
Incluso si la fiscalía recurre su absolución, una hipótesis muy probable porque había pedido para él una condena de 18 meses de cárcel sin cumplimiento y 45.000 euros de multa, Villepin sale fortalecido de un proceso en el que se ha presentado como víctima de una persecución orquestada desde el Elíseo.
El Tribunal Correccional de París le consideró inocente de la acusación de que instigó en 2004 la trama de falsos listados de beneficiarios del cobro de comisiones ilegales a través de la sociedad luxemburguesa Clearstream, destinada a debilitar a personajes como el propio Sarkozy.
Los abogados del presidente le habían señalado como el cerebro de una maquinación que perseguía desacreditar a Sarkozy, entonces en plena carrera con Villepin por alzarse con el control de la derecha política francesa.
La fiscalía no fue tan lejos y se limitó a censurar el «silencio cómplice» de quien conocía la falsedad de los listados pero no acudió a la justicia para denunciarlo. El tribunal no retuvo ninguna de las dos tesis y consideró que Villepin no conoció en ningún momento la falsedad de esas listas, por lo que ni pudo ser su instigador ni pecó de omisión.
El veredicto, contundente a favor del ex primer ministro, deja en mal lugar a Sarkozy, que ve cómo en su propio campo político resurge un potencial rival acallado hasta ahora por sus embrollos judiciales.
El presidente había apostado fuerte por la condena de Villepin, de quien dijo que quería ver «colgado de un gancho de carnicero» y a quien llegó a considerar en un lapsus como «culpable» antes de que acabara el juicio.
La tesis de Sarkozy quedó totalmente desmontada en el tribunal, pero el presidente asegura que no apelará. En el papel del buen perdedor, el jefe del Estado emitió un comunicado en el que se declaró satisfecho por la sentencia y, en lo que se refiere a Villepin, hizo hincapié en algunas de las anotaciones del veredicto, que, aunque le absuelve plenamente, dejan entrever ciertas dudas en su comportamiento.
Sarkozy deberá conformarse con el retorno de su antiguo rival de la derecha. Algunas voces conservadoras, allegados de Villepin, apostaron por que el ex primer ministro encabece una alternativa al actual presidente con la vista puesta en las elecciones presidenciales de 2012. Villepin no oculta que tiene la mirada puesta en esa fecha.
Hombre de aparato, criado a la sombra del ex presidente Jacques Chirac, Villepin nunca se ha sometido al sufragio universal, una mácula significativa frente al populista Sarkozy.