La historia de los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez es conocida desde mucho antes de que ese paso fronterizo comenzara a arder. Desde 1993, más de 500 mujeres han sido muertas siguiendo un mismo ritual: secuestro, tortura, violación, mutilaciones, estrangulamiento y abandono en un descampado, normalmente desnudas y envueltas en mantas o sábanas.
La casi totalidad eran mujeres jóvenes, que habían ido a la frontera a trabajar en las maquiladoras, por lo que la mayoría no tenía familia en la ciudad. Eran capturadas de noche, cuando salían solas de trabajar.
Aunque se han escrito varios libros sobre los feminicidios de Ciudad Juárez, resulta curioso comprobar cómo ninguno de ellos da una explicación consistente del macabro fenómeno. Al principio, cuando el número de víctimas era pequeño, se habló de un asesino en serie; luego, se invocaron ritos satánicos; más tarde, se barajó la hipótesis que parece explicar mejor el modus operandi: una industria de «snuff movies», películas pornográficas que finalizan con la muerte de la víctima.
Las vinculaciones con el narcotráfico parecen claras, ya que se han encontrado varios cadáveres en torno a chalés de capos. La relación con altas esferas también es evidente: durante años, se frenaron todas las investigaciones. Hasta el punto de que, recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha condenado al Estado mexicano por no investigar tres de los asesinatos.