Washington, Agencias
El presidente de EE UU, Barack Obama, pronunció la pasada madrugada un discurso sobre el estado de la Unión de marcado carácter económico y recorrido por un llamamiento al Congreso para que respalde inversiones de futuro. Obama, que propuso una congelación del gasto federal de 3 a 5 años, lanzó un respaldo explícito a la revuelta de Túnez y advirtió a los legisladores de que EE UU está en franco y abierto riesgo de perder su supremacía mundial, por la competencia de países como China, a la que no citó explícitamente en ese contexto, pero sí inmediatamente antes y después.
El Congreso expresó bien a las claras que la nueva situación legislativa -una Cámara controlada por cada partido- requiere mayores dosis de colaboración bipartidista. Lo hizo con un gesto simbólico: demócratas y republicanos renunciaron a sentarse en dos grupos y se entremezclaron en los escaños.
Obama insistió en retirar la rebaja de impuestos a los más ricos después de 2012, propuso que se eliminen las exenciones a las petroleras, aseguró que no dará atrás en la reforma sanitaria -aunque se brindó a aceptar «mejoras»- y llamó, para aprobar la asignatura pendiente de crear más empleo, a invertir en educación, investigación, innovación, energías limpias e infraestructuras. En todos esos campos reconoció que Europa y Asia llevan ventaja.
De ahí que, recordando la epopeya de la carrera espacial con la URSS, Obama llamó al Congreso a asumir retos como que el 80% de la energía consumida en EE UU en 2035 sea «limpia» o que los norteamericanos tengan amplio acceso a los trenes de Alta Velocidad en 2025. Por otra parte, resaltó que, pese a tener las mejores universidades, EE UU pierde a muchos de los jóvenes que forma porque o son hijos de inmigrantes ilegales o son extranjeros que retornan a sus países. «Es absurdo», señaló un Obama decidido a intentar la reforma migratoria antes de las presidenciales de 2012.