El Cairo / Saná, Agencias
La Liga Árabe impuso ayer duras sanciones económicas a Siria, que acentúan el aislamiento de un régimen cuyas acciones represivas acabaron con la vida de al menos 32 personas, la mayoría en el bastión opositor de Homs.
Después de múltiples ultimátums al régimen de Bachar al Asad para que aceptase el envío de una misión de observadores árabes, el jeque Hamad bin Yasim bin Yaber al Zani, primer ministro de Qatar, anunció las medidas, que no serán secundadas por dos de los vecinos de Siria: Irak y Líbano.
Las sanciones abarcan un amplio rango de instituciones y altos cargos, aunque la Liga Árabe expresó su esperanza de que afecten lo menos posible a la población civil. El consejo del organismo prohíbe desde ahora a altos cargos sirios viajar a los países árabes y ordenó que se congelen sus fondos.
Además, decretó el cese de los intercambios comerciales y financieros con el Gobierno -con excepción de las mercancías necesarias para la población-, así como el de las transacciones con el Banco Central Sirio. Asimismo, se prohibirán los vuelos entre los países árabes y Damasco, informa «Efe».
Al Zani, que calificó la jornada como «un día triste», destacó que las medidas punitivas pretenden «prevenir cualquier intervención extranjera» en el conflicto, ya que la resolución a la crisis «debe estar dentro del marco árabe».
Según el secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, las sanciones «tienen el objetivo de presionar a las autoridades sirias» para que detengan la violencia sobre los manifestantes contra el régimen de Bachar al Asad, y que ya se ha causado la muerte de más de 3.500 desde marzo, según la ONU.
Sin embargo, a juzgar por las palabras ayer mismo del presidente Al Asad, no parece que Damasco tenga la intención de cejar en su campaña de represión. En un encuentro con estudiantes universitarios, el mandatario aseguró que las fuerzas del régimen seguirán luchando contra los «terroristas» en el país.
«No habrá tolerancia con ellos, les seguiremos por todas partes», aseguró el presidente, antes de añadir que el Ejército ha propinado «golpes severos y decisivos a los terroristas».
Entre tanto, en Yemen, el presidente, Alí Abdalá Saleh, de vuelta ya en Saná, decretó una amnistía general para aquellas personas que cometieron «locuras durante la crisis», en alusión a la revuelta contra su régimen que estalló a finales de enero. El indulto, publicado por la agencia oficial de noticias yemení «Saba», excluye a los implicados en crímenes y en el atentado contra el palacio presidencial de Saná, en el que Saleh resultó herido grave.
Poco después, el vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, que dirigirá la transición tras la renuncia de Saleh, encargó al jefe del Consejo Nacional Opositor, Mohamed Salem Basandawa, la formación de un Gobierno de reconciliación.