El Cairo / Oviedo,
Agencias / L. M. S.
La masacre de Homs, donde ayer murió otro centenar de sirios, va camino de emular la de Hama, con la que el padre del actual presidente, Hafez al Asad, acabó de cimentar su terrorífico poder en 1982, dejando un saldo de 25.000 muertos. La ofensiva represora del régimen de su hijo Bachar prosiguió ayer por sexto día consecutivo en un escenario poblado por helicópteros de combate, tanques y morteros, por un lado, y hospitales improvisados en viviendas y mezquitas, por el otro.
En Homs, los hospitales convencionales ya no dan abasto, y además se han convertido en objetivo de los incesantes bombardeos. Y, mientras, los grupos opositores llaman a sus fuerzas a resistir con el argumento de que, si Homs es finalmente reducida, la revuelta que empezó en marzo morirá.
Según informaciones de activistas sobre el terreno recogidas por «Efe», la situación humanitaria va directa al colapso. «Los hospitales de campaña han sido bombardeados, ahora estamos tratando a los heridos en las casas y en las mezquitas con medicamentos insuficientes», aseguró a esta agencia por teléfono el activista Salim al Homsi.
«La situación es trágica», dijo Al Homsi desde el barrio de Bab Amro, uno de los más castigados.
Los opositores Comités de Coordinación Local (CCL) denunciaron que varios edificios de viviendas han sido derruidos y que numerosas víctimas permanecen todavía atrapadas entre los escombros. Según esta red opositora, la represión del régimen causó ayer la muerte a 137 personas en todo el país, 110 de ellas en Homs.
También desde Bab Amro, el doctor Ali al Hazuri pidió ayuda urgente a las organizaciones internacionales y explicó que la mitad de las víctimas yace en el suelo de las viviendas por falta de espacio. Al Hazuri subrayó que se precisa ayuda humanitaria básica, desde medicamentos hasta leche para los menores, además de equipamiento médico, ya que la Media Luna Roja no puede entrar en la zona.
La organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) acusó al régimen de llevar a cabo «una campaña de represión implacable contra los heridos en las manifestaciones y contra los médicos que intentan curarlos», muchos de los cuales han sido torturados y detenidos.
Las familias se esconden en una sola casa para no malgastar combustible y eligen los sótanos de aquellas cuya ubicación es más segura para protegerse de los bombardeos, explicó otro activista a «Efe». «Nadie puede salir a la calle por los bombardeos y los disparos de los francotiradores. Las escuelas están cerradas y algunas se han convertido en cuarteles del Ejército sirio», agregó.
Mientras, en el plano diplomático, la UE anunció la imposición de sanciones al Banco Central de Siria y el veto al comercio de oro y fosfatos. Rusia, que se opone a cualquier resolución de condena contra Damasco, rechazó la iniciativa occidental de crear un «grupo de amigos» de la oposición de Siria, al considerara una «injerencia».