Arabia Saudí desata la ira de los chiíes con 47 ejecuciones por terrorismo

Uno de los ajusticiados es el clérigo opositor Nimr Baqir al Nmir

03.01.2016 | 03:25
Un grupo de mujeres protesta en Baréin con el lema: "No nos arrodillarán".

Las autoridades saudíes ejecutaron ayer a 47 personas condenadas por terrorismo, entre ellas el clérigo chií opositor Nimr Baqir al Nimr, en una demostración de mano dura que encendió la ira de la comunidad chií en Oriente Medio.

Esa ejecución en masa y simultánea, realizada en doce zonas del país mediante decapitaciones por sable y fusilamientos, es la mayor realizada en décadas en el reino saudí, donde desde la llegada al trono de Salman bin Abdelaziz a principios de 2015 se ha disparado la aplicación de este tipo de castigos.

El año pasado se realizaron 150 las ejecuciones en el país que sigue una estricta versión de la sharía o ley islámica, según organizaciones de Derechos Humanos, una cifra muy superior a las 90 de 2014.

La mayoría de los ejecutados (45 saudíes, un egipcio y un chadiano) son extremistas suníes, algunos destacados miembros de Al Qaeda, pero entre ellos figuran también cuatro chiíes como Al Nimr. Algunos de los ataques imputados a los suníes son los registrados contra varios complejos residenciales occidentales en Riad en 2004, y contra empresas petroleras, el Ministerio del Interior o el consulado estadounidense en Yeda en 2005. La campaña terrorista lanzada por algunos grupos para desestabilizar al régimen saudí en mayo de 2003, que fue contestada con una lucha sin cuartel de las fuerzas saudíes, causó decenas de muertos.

En cuanto a los chiíes, esa minoría también ha sido blanco de las autoridades, después de que entre 2011 y 2013 se registraran manifestaciones y ataques contra la Policía en la región de Al Qatif.

Al Nimr fue detenido en julio de 2012 por apoyar los disturbios y a grupos terroristas contra las autoridades saudíes en Al Qatif, en el este del país y de mayoría chií. Su condena a la pena capital fue confirmada el pasado octubre por el Tribunal Supremo, que le culpó de desobedecer a las autoridades e instigar a la violencia sectaria, lo que ya levantó las críticas de la comunidad chií.

También fue muy polémica la condena a muerte contra su sobrino Ali Mohamed al Nimr y otros dos jóvenes chiíes, detenidos cuando eran menores de edad.

Las reacciones a la ejecución del clérigo llegaron de grupos y dirigentes chiíes de países como Irán, Baréin, el Líbano o Irak, agudizando las ya crecientes tensiones sectarias.

El portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, la gran potencia chií y rival de Arabia Saudí, Hosein Yaber Ansarí, denunció "la profunda imprudencia e irresponsabilidad" del régimen saudí, y auguró que este "pagará un precio alto" por esta acción.

En el Líbano, el grupo chií Hizbulá responsabilizó a EEUU por la ejecución, al ser un aliado del régimen saudí, e instó a la comunidad internacional a condenar ese "crimen odioso". Por su parte, el vicepresidente del Consejo Superior Chií, el jeque Abdul Amir Qabalan, calificó la acción de "grave error" y "acto peligroso": "Es un crimen contra la Humanidad que tendrá repercusiones en los próximos días (...) un llamamiento a la escisión y a avivar la división", subrayó.

Esas repercusiones se vivieron ya en Barein, donde la mayoría chií se lanzó a las calles y protagonizó enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Los manifestantes enarbolaron fotografías de Al Nimr y entonaron lemas que pedían la muerte para la familia gobernante saudí.

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