09 de abril de 2017
09.04.2017

Trump justifica la no destrucción de pistas de aterrizaje en Siria en su fácil reconstrucción

Moscú considera "poco convincentes y fiables" las razones de un ataque que interpreta en clave interna norteamericana

09.04.2017 | 01:24
Imágenes sobre el estado de las instalaciones sirias tras el ataque norteamericano difundidas por el Ministerio de Defensa ruso.

Las pistas de aterrizaje de la base siria contra la que Estados Unidos lanzó un ataque el viernes pasado apenas sufrieron daños porque no eran el objetivo principal, al tratarse de equipamientos que resultan fáciles de reconstruir. El presidente Trump justificó así ayer el estado que presentan las instalaciones a tenor de algunas imágenes difundidas por el Ministerio de Defensa ruso y después de que los sirios aseguraran el viernes por la tarde que las pistas estaban operativas. Aunque el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, afirmó ayer en Alemania que los argumentos con los que Estados Unidos justifica su ataque son "poco fiables y poco convincentes", Moscú interpreta el ataque norteamericano en la clave interna de una nueva administración que intenta asentarse en Washington.

Trump ordenó el jueves el lanzamiento de 59 misiles de crucero Tomahawk contra la base de Shayrat, en la provincia de Homs. Fue, según el Pentágono, la respuesta al ataque aéreo del régimen sirio con armas químicas en Jan Sheijún, que dejó un balance de al menos 74 muertos.

El presidente estadounidense aseguró ayer en Twitter que "la razón por la que no atacamos las pista de aterrizaje generalmente es porque son fáciles y baratas de reconstruir". En el ataque con misiles 59 misiles fueron destruidos varios cazas de la aviación siria y edificios de la base, aunque la pista de aterrizaje quedó intacta y, según observadores en Siria, vuelve a ser utilizada tras el bombardeo estadounidense.

Desde el resort de Mar-a-Lago (Florida), donde pasa los fines de semana, Trump también felicitó vía Twitter a las fuerzas armadas tras el ataque en Siria, la primera acción militar directa estadounidense contra el régimen del presidente sirio, Bachar al Asad. "Felicidades a los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas por representar tan bien a Estados Unidos y el mundo en el ataque en Siria", escribió Trump en su cuenta personal.

"Los argumentos de EEUU en apoyo de su acción armada ilegal, particularmente, la referencia al uso de armas químicas por las fuerzas sirias en Idlib el 4 de abril son poco fiables y poco convincentes", afirmó ayer en Berlín el responsable de Exteriores ruso Sergei Lavrov. El ministro abordó la situación en Siria tras el ataque estadounidense durante un encuentro con su homólogo alemán, Sigmar Gabriel.

Tras las primeras reacciones en caliente de Moscú, el Kremlin mantiene un actitud de cautela ante al desafío que plantea una agresión militar contra su aliado sirio. "Debemos ser comprensivos con los procesos internos que tienen lugar" en Washington, aseguró ayer la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, en alusión a que el "teatrero ataque", que apenas destruyó unos pocos aviones sirios, fue poco más que una puesta en escena destinada al consumo interior en EEUU. El ataque revitalizó los apoyos de Trump tanto en su propio país, donde su popularidad se desgasta por decisiones tan polémicas como infructuosas, como entre sus socios europeos, que saludaron la represalia contra el régimen sirio de Bachar al Asad.El Kremlin se inclina por la teoría de que el magnate se vio forzado a emprender una acción de clara connotación antirrusa para convencer a sus votantes y a su propio partido de que su política no está al servicio de Moscú.

Rusia se conformó, en un primer momento con suspender la coordinación militar con Estados Unidos en territorio sirio e insiste en aminorar los daños en la base aérea atacada, lo que ayer provocó la respuesta de Trump sobre el desinterés en destruir pistas de aterrizaje.

Rusia no quiere cerrar la puerta a la cooperación en la lucha contra el terrorismo, aunque lo que de verdad anhela Moscú es superar la tensión con Washington con la esperanza de volver a ser aceptada de buen grado en la arena internacional, y de paso, sacudirse las sanciones económicas que sufre por Ucrania.

La visita de la próxima semana a Moscú del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, se presenta clave para vislumbrar hasta qué punto ha podido cambiar la postura declarada por Trump sobre su deseo de mejorar las relaciones con Rusia y embarcarse juntos en la guerra contra el grupo yihadista Estado Islámico.

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