Sidras diferenciadas

 
Sidras diferenciadas
Sidras diferenciadas 

VÍCTOR MANTECA El sector de la producción sidrera asturiana tiene muchas posibilidades de mejorar la estructura productiva de sus explotaciones de cultivo y lagares de elaboración tanto a través de la introducción de mejoras técnicas y de gestión como a través de otros sistemas con mayor incidencia de la imagen de mercado, como la certificación de explotaciones que acredita la diferenciación de los productos obtenidos y, en concreto, la excelencia de las sidras de la denominación de origen que ahora llevan etiqueta que todavía tienen un amplio campo de posibilidades para incrementar su prestigio y liderazgo en los mercados, incrementando la presencia ante el mercado minorista con estuches de botellas que incluyan vasos y prospectos de escanciado.


La certificación de explotaciones y lagares consiste en acreditar que la explotaciones de cultivo y lagares de elaboración cumplen con los requisitos y exigencias establecidas en un compromiso previo de condiciones, normas y directrices de calidad sobre el sistema productivo, que superan a los que establece la denominación de origen; pero para que todo ello sea fiable ante el mercado, las pruebas y certificaciones deben ser realizadas por entidades acreditadas de certificación y normalización agroalimentaria, y tras superar la verificación de los diferentes aspectos que se exigen para la concesión de un marchamo de excelencia productiva (trazabilidad en el cultivo de manzanas y elaboración de los sidras, sanidad y control de procesos y variedades utilizadas), teniendo en cuenta, además, que casi todos estos requisitos son exigidos por la normativa actual y que, con este examen, se trata de obtener un sello que demuestre que la sidra y los productos derivados (licores o destilados, vinagres de calidad u otros) de una marca o denominación territorial cumplen requisitos adicionales que mejoran su calidad como elementos de consumo, al igual que están haciendo algunas denominaciones de origen de vinos de alta calidad. El sector de la sidra asturiana no se equivocará si decide convencerse de manera decidida por la aplicación de estos sistemas combinados de seguridad alimentaria y una acentuada apuesta por la diferenciación de sus productos a través de la marca que podrán suponer un gran activo de futuro para sus explotaciones y que, además de aportar mayor rentabilidad, constituyen un factor importante de mejora organizativa en la explotación; por ello, y como quiera que las actuaciones de una entidad certificadora suponen un coste nada despreciable, el titular deberá tener en cuenta la preferencia del mercado y además tener en cuenta que los productos de su explotación con un grado concreto de garantía en las variedades de manzana, sistemas de cultivo y requisitos de seguridad no se mezclen con otros de inferior calidad. Por ello es fundamental incidir sobre el contenido que traslada una etiqueta hacia el mercado, pues si no se logra presentar, de una manera fiable y continuada, el concepto de producto excelente y de calidad hasta el consumidor final, que es quien busca y paga por el valor añadido del producto, este sistema perdería gran parte de su efecto, lo cual es un problema esencial que, hoy en día, se plantea en los sistemas consorciados o clusters agroalimentarios, porque aunque, en la actualidad, hay diversos sectores donde sus explotaciones acreditan sus sistemas productivos, sin embargo debiera incrementarse el esfuerzo para presentar, con eficacia y buenos resultados, esta imagen al mercado, por lo cual es necesario continuar desarrollando las posibilidades que ofrecen las marcas diferenciadas, a través de la etiqueta que puede ser un vehículo adecuado para transmitir muchos valores asociados al producto y que en muchos casos son decisivos para el consumidor, desde calidad y seguridad hasta otros valores sociales o culturales que sea capaz de añadir la creatividad de cada explotación productiva, pues es el mejor sistema para que el consumidor conozca y confíe en una marca que le ofrece valores añadidos y en todo esto a la sidra asturiana le queda, por fortuna, mucho camino nuevo que andar.

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