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ELENA DÍAZ PALACIOS
DIPUTADA REGIONAL DEL GRUPO SOCIALISTA
Los problemas del sector lácteo se han hecho un hueco en la agenda política regional y nacional, lo que no suele ser habitual en España, donde, a pesar de ser el tercer perceptor de fondos de la política agrícola común, las cuestiones agrarias ocupan poco espacio en los medios y en el debate político.
El debate público ha discurrido más por los cauces de la emotividad que de la racionalidad con la que se deben abordar los problemas del sector lácteo, obligado a competir con sus productos en una economía de mercado cada vez más desregularizada. Las reivindicaciones de los ganaderos se han trasladado a la sociedad de un modo simplista, posiblemente con el objetivo de favorecer su asimilación por una opinión pública poco versada. Es posible que, después de semanas de manifestaciones, reuniones y debates, el ciudadano medio tenga la siguiente idea de lo que está pasando: están cayendo los precios que se les pagan a los ganaderos y suben los costes de producción hasta el punto de que al ganadero le cuesta más producir un litro de leche que lo que cobra por él; además, entra mucha leche del extranjero, principalmente de Francia, a precios por debajo del coste de producción. Esa leche no cumple la normativa higiénico-sanitaria que se exige a la española. En mi opinión, se hace preciso matizar cuestiones para poder analizar con mayor precisión lo que está ocurriendo; éste es el objetivo de este artículo, aportar datos que ayuden al lector a interpretar mejor la realidad.
La disminución del precio de litro de leche que cobran los ganaderos es una realidad en los últimos meses. No es menos cierto que se constata una progresiva disminución de los costes de producción inducida por el abaratamiento de las materias primas. La entrada de lácteos -no sólo y no en mayor proporción de leche líquida en cisternas- procedentes del resto de la Unión Europea no es una novedad en España, cuya cuota de producción lechera cubre dos tercios del consumo interno. Esos productos están sometidos en su producción y en su elaboración a la misma rigurosa normativa sanitaria y ambiental comunitaria que los españoles.
A la Administración central y a los gobiernos regionales se les exigen respuestas a esos supuestos problemas poniendo especial énfasis en aspectos más emotivos que racionales.
Quienes los formulan deben ser conscientes de la imposibilidad legal y real de llevarlos a cabo: desde la prohibición de las importaciones a la fijación de un precio de referencia para el litro en origen, la obligación de recogida de toda la leche producida o la diferenciación de la producción láctea nacional para que el consumidor elija leche producida en España.
Si hacemos un mal diagnóstico de la situación que afecta a nuestro sector lácteo, no lograremos encontrar las soluciones que resuelvan sus problemas y, lejos de solventar los mismos, podemos dispersarnos en acciones y propuestas absolutamente ineficaces cuando no abiertamente contraproducentes.
El debate sobre los precios se ha simplificado tanto que se piden soluciones imposibles para un problema que se ha reducido al del precio en origen de la leche y en el que toda la atención se ha dirigido a los dos extremos de la cadena: el productor y el consumidor, cuando los pilares son tres: producción, transformación y distribución.
Cada uno desempeña su papel en la conformación del precio inicial y del final. La producción láctea es mucho más que leche líquida envasada.
l Una balanza comercial deficitaria. El sector lácteo español tiene una balanza comercial muy negativa que lastra los buenos resultados obtenidos por otros sectores agroalimentarios como la carne. En 2007 el déficit del sector lácteo supuso, según datos del Instituto del Comercio Exterior, 874 millones de euros. El balance del conjunto de productos agroalimentarios sólo alcanzó un superávit de 540 millones. En 2008, aunque el volumen de importaciones disminuyó, el déficit se deslizó hasta los 1.088 millones de euros por el incremento de los precios. Para España implica una fuerte salida de divisas.
l Fuertes desequilibrios. España importa unos 2,4 millones de toneladas anuales en lácteos. De éstos, 1,7 millones con queso, 822 millones a leche en polvo para uso industrial y 338 millones a leche líquida a granel.
Las exportaciones españolas anuales son de 710 millones de toneladas en equivalente lácteo, fundamentalmente de materia grasa. Se insiste en trasladar que el gran problema del sector es la importación masiva de leche líquida. Lo cierto es que el mayor volumen de importaciones es de queso, producto de alto valor añadido. Las exportaciones españolas son bajas y se concentran en el segmento de la materia grasa de bajo valor añadido.
l Un sector moderno. El sector ha hecho un considerable esfuerzo para modernizarse. Es equiparable al de cualquier país del entorno. El esfuerzo ha pasado posiblemente desapercibido para gran parte de la sociedad española que mantiene pocos vínculos con la actividad agraria. Asturias, con el 10% de la cuota láctea nacional, tenía en 1985 31.062 explotaciones, con una cuota media de 18.569 kilos. Hoy quedan 3.092, que gestionan de media 197.000 kilos. Está por debajo de la media española (243.000), pero por encima de los umbrales de viabilidad para el modelo de la Cornisa. El 38% de la cuota lo gestionan entidades jurídicas, con una media de 449.231 kilos; el 48% está asignado a explotaciones con titulares menores de 55 años, que suponen el 60% del total de las explotaciones; sólo el 13% de la cuota está vinculado al 23% de las explotaciones cuyos titulares tienen más de 55 años. Las cifras trasladan la realidad de un sector profesionalizado, rejuvenecido y técnicamente muy cualificado. En los últimos cinco años los ganaderos asturianos han adquirido 97 millones de kilos de cuota, con una inversión cercana a los 30 millones de euros. En el mismo período, la inversión en planes de mejora de las explotaciones superó más de 74 millones de euros, en torno a 60 para ganaderías.
l Una industria especializada en el envasado de leche. La industria láctea española se dedica mayoritariamente al envasado de leche líquida y no a la elaboración de lácteos de mayor valor añadido. De cada 100 litros de leche que entran en las industrias, 56 se transforman en leche envasada, 13 en yogur y 22 se destinan a elaborar queso. En Italia el 55% se destina a queso y sólo el 22% se transforma en leche. La industria láctea italiana alcanza un mayor volumen de facturación por la misma cantidad de leche transformada en comparación con la española. Destaca el gran peso del capital externo. Destacan tres grupos de origen francés: Danone, Lactalis y Bongrain, con estrategias empresariales determinadas al excedente de producción del país de origen y a la capacidad de organización de su mercado interno por acuerdos entre productores e industria. Por eso se puede colocar leche francesa en los muelles de la industria española a precios competitivos.
l Un sector distribuidor con unas características peculiares. Las estrategias de venta desempeñan un papel importante en la conformación del precio de la leche. Los hipermercados, que acaparan el 90% del consumo de los hogares españoles en productos lácteos. Este sector -en el que también es muy importante la presencia de capital francés y alemán- ha hecho en España una apuesta decidida por las marcas de distribución (marcas blancas) en productos lácteos, arrastrando a la industria en esta estrategia. Parece evidente que convendría alcanzar un cierto consenso entre los agentes afectados sobre el grado de protagonismo que la leche producida en las explotaciones españolas debe tener en los lineales de los establecimientos comerciales del país.
Los problemas objetivos que afronta en este momento el sector lácteo tienen carácter estructural y se han visto agravados por la compleja coyuntura económica. La contracción de la demanda en los países emergentes por la crisis y la fortaleza del euro frente al dólar afectan con fuerza a un mercado vulnerable como el español, importador, ante las dificultades de los grandes países productores lácteos europeos para situar sus excedentes en mercados exteriores de la UE. La situación es compleja de abordar. La PAC se ha ido privando de instrumentos de regulación del mercado y reduciendo apoyos a la exportación. Ganaderos, industria y distribución deberían ser capaces de acordar medidas que permitan un mejor posicionamiento de la producción láctea nacional en el mercado interior y un fortalecimiento de nuestra capacidad exportadora, además de una reorientación de las estrategias de transformación hacia el segmento de los productos de alto valor añadido. Si conseguimos alejarnos de la algarada, de los discursos efectistas que tienen poco que ver con los problemas reales del sector, y trabajamos juntos buscando acuerdos y soluciones eficaces a dificultades identificables, conseguiremos que el sector lácteo asturiano tenga futuro.
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