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Oviedo, M. J. IGLESIAS
Que los «anchoeros» no pescan está constatado. Que los recursos son escasos, también. Así lo dicen los informes científicos. Lo que ya no está tan claro es que el caladero del golfo de Vizcaya, cerrado desde hace cuatro años a los barcos asturianos, haya acusado la desaparición de la biomasa de bocarte solamente en el pasado quinquenio.
Una tabla de evolución histórica de la pesca de la anchoa en el Cantábrico, a la que ha tenido acceso LA NUEVA ESPAÑA, comienza su análisis en el año 1940, cuando los barcos españoles y franceses capturaron un total de 22.000 toneladas de bocarte.
El cupo se mantuvo hasta 1943, pero, curiosamente, en 1943 bajó a 10.500 toneladas. La campaña de 1944 no fue mucho mejor. Apenas llegó a 13.000 toneladas. En 1945 se pescaron 10.000 y en 1946 el cupo de la costera fue de 8.000. Los pescadores pensaron que las anchoas se habían ido para siempre. Pero no fue así.
En 1947 los barcos llevaron a los puertos de origen, entre ellos los de Avilés y de Gijón, 25.000 toneladas. Hasta 1960 los niveles de pesca oscilaron entre las 30.000 y las 50.000 toneladas.
A mediados de los sesenta la pesquería llegó a su máximo apogeo, con las 83.000 toneladas de anchoa que se descargaron en 1965. A partir de ese momento los recursos volvieron a bajar, hasta las 23.000 de 1970 o las 28.000 del año 1976.
El año más negro que se recuerda en el Golfo fue 1980. Entonces, los barcos solamente consiguieron arrancar al mar 4.000 toneladas de bocarte. Al año siguiente subieron hasta 17.000. La evolución ha sido similar hasta 2004, el último año que aparece en la tabla, justo antes de que comenzasen las reducciones de cupos y el cierre del caladero.
La actual campaña de valoración de biomasa en el golfo de Vizcaya culmina el día 9 de octubre. Será entonces cuando Bruselas emita un nuevo veredicto. Los pescadores asturianos esperan que sea positivo. Quieren volver a faenar en las aguas cantábricas, frente a las costas francesas.
La Comisión Europea propone que cuando se reabra la pesca de la anchoa en aguas del golfo de Vizcaya las cuotas anuales de captura se fijen automáticamente en junio y no en diciembre. El sistema de fijación automática de la pesca consistiría en elaborar una tabla de acuerdo con los datos de los informes científicos sobre las reservas de anchoa en el caladero. Bruselas plantea la puesta en marcha de una regla de control sobre los reclutamientos de ejemplares, a partir de los cuales fijará el volumen anual de captura. Mediante ese régimen se establecería una prohibición automática de la pesca cuando la población de anchoas adultas en el golfo de Vizcaya sea igual o inferior a las 24.000 toneladas. Si las reservas oscilasen entre 24.001 y 33.000 toneladas -nivel considerado necesario para garantizar la seguridad biológica de la especie-, el total admisible de captura se establecería en 7.000 toneladas, cantidad similar a la de 1946.
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