Oviedo, M. J. IGLESIAS
La cría de caballos, en su doble vertiente de producción de carne y de animales de competición, es una alternativa con buena salida para los ganaderos asturianos y para mejorar el aprovechamiento de las casi 500.000 hectáreas de montes y pastos que se encuentran infrautilizadas, según las tesis del economista Jesús Arango, autor del libro «Los montes comunales en Asturias». Así lo consideran el ganadero sierense José Adolfo Iglesias, el criador de purasangres Ignacio Fernández, el veterinario Diego Mas y el presidente de la Asociación de Criadores de Caballo Español en Asturias, Rafael González.
Todos coinciden en un argumento: sacar adelante un caballo en Asturias cuesta la mitad que en otras regiones como Castilla y León. La razón es la abundancia de hierba. Seca o fresca, es la base de la alimentación de los equinos. Se complementa, según la raza o el destino del animal, con piensos y suplementos vitamínicos, en el caso de caballos de competición.
El caballo fue durante siglos uno de los pilares del trabajo diario en las ganaderías asturianas, pero perdió protagonismo con la llegada del tractor. Ahora, cuando la crisis atenaza al sector ganadero, la ganadería caballar reaparece como una alternativa. En Asturias hay 23.814 caballos censados oficialmente en la Dirección General de Ganadería. A ellos se añaden cientos de ejemplares que se encuentran por los montes sin identificar.
El listado de explotaciones de equino suma 5.849 empresas ganaderas. De ellas, 2.498 son sólo de ganado caballar. El resto combina esta modalidad con otras especies como el ovino o el caprino. Aunque la importancia económica del sector lácteo es sensiblemente superior a la de cualquier otra modalidad productiva, lo cierto es que existen casi tantas explotaciones de equino como de leche, que en la actualidad suman 2.800.
Una ganadería con diez yeguas madres produce unos 10.000 kilos de carne al año, según explica José Adolfo Iglesias. La producción de las explotaciones asturianas de carne de potro ronda cada año los 200.000 kilos. Una parte se vende en la red de carnicerías que existen en Asturias, que no llegan a la docena. El resto se envía a Italia, donde la carne de caballo está de moda.
Los potros asturianos se sacrifican en los mismos mataderos que se emplean para el vacuno. Iglesias asegura que el producto necesita promoción. «Nos pagan dos euros por kilo, al consumidor le llega a 5 o 6 euros, el momento actual no es demasiado bueno», señala. González corrobora que con la crisis apenas se venden ejemplares de caballo español, que se emplean para doma clásica.
En Asturias conviven más de un centenar de criadores, de los que 57 pertenecen a la asociación que preside Rafael González. Se reparten por toda Asturias, sobre todo en el centro y las Cuencas. Un potro se puede comprar por 500 o 1.000 euros. González afirma que la calidad de los criados en Asturias es equiparable a la de los andaluces. Ignacio Fernández es optimista. «Estamos en crisis, pero cuando se acabe la ganadería caballar aumentará su protagonismo». Mas destaca la cantidad de empleos que crea la actividad en una explotación: «un trabajo por cada cuatro caballos. Es una industria en la que no se puede sustituir al hombre por una máquina».