Ideas para fijar población en el campo asturiano

El potencial de los montes comunales y el uso de la biomasa

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Ideas para fijar población en el campo asturiano
Ideas para fijar población en el campo asturiano  

AMARO GARCÍA INGENIERO TÉCNICO AGRÍCOLA Y PROFESOR Actualmente estamos en período preelectoral y todos los partidos que concurren a las elecciones en Asturias preparan sus programas. Hay un tema recurrente en los debates: ¿Cuáles son las medidas para fijar y recuperar población en el medio rural y mejorar las condiciones de vida?


A pesar de que el campo asturiano ha aumentado espectacularmente la productividad -probablemente en los últimos diez años se ha multiplicado por cinco- cada vez hay menos vecinos. Hay que tomar medidas más allá de una política sectorial de carácter productivo, hacia una política verdaderamente rural, que implique crear modelos de servicios para zonas aisladas, dispersas. Si a la gente en los pueblos no se le facilita alguna discriminación positiva para vivir, la tendencia es que los pocos que quedan se irán cada vez más a la zona central a trabajar.


Si la estrategia fuera simplemente dotar de determinados servicios e infraestructuras al medio rural, terminaríamos pronto, pues la solución pasaría por activar políticas públicas de reequilibrio territorial, planificando adecuadamente los servicios a la población, que son las que se han tomado hasta ahora.


Los programas «Leader» y los «Proder» han contribuido a atraer y fijar población a través de la promoción, difusión y revalorización del patrimonio cultural y natural. Sin embargo, las subvenciones han ido a parar a manos de particulares de zonas urbanas que asentaban sus negocios en la zona rural, pero no se vinculaban a los pueblos. Simplemente se aprovechaban de las ventajas económicas de estos programas. Estas ayudas deben establecerse con unas condiciones de discriminación positiva a favor a los agricultores y ganaderos directos, que explotan los recurso naturales de la zona.


Por ejemplo, si se pretende construir un hotel rural o apartamentos rurales con las ayudas de un fondo «Proder», sería muy interesante establecer preferencias, de forma que el agricultor y el ganadero que vive en la zona tuvieran prioridad, complementando su nivel de renta agraria con esta actividad hostelera. De esta forma el viajero descubriría el paisaje y la gastronomía y viviría las experiencias cotidianas de una explotación ganadera y o agrícola. Propongo un turismo distinto. Le llamo agroturismo, el turismo en la explotación.


El ganadero no solamente vende leche y carne o cuida el paisaje, sino que ofrece en su casa alojamiento y servicios de valor añadido, como degustar un vaso de leche, un queso hecho en la explotación, dulce de las manzanas de una pomarada, conejos, unas peras, huevos de aldea o una botella de sidra.


Otra forma de fijar población en el mundo rural es dar facilidad a los hijos de los agricultores y ganaderos para que construyan su vivienda en las fincas de sus padres. Para esto se tendría que modificar la ley del Principado de Asturias de Régimen del Suelo y Ordenación Urbanística. De forma que se permitiera construir fuera del núcleo rural en suelo calificado como no urbanizable y de interés agrícola y forestal.


Las condiciones podrían ser, entre otras, que el titular de la tierra sea un pariente en primer grado; que la finca tenga una cabida mínima, por ejemplo de 1.500 metros cuadrados; que el predio tenga un frente a camino y que el propietario asuma los gastos que conllevan los servicios básicos.


Por otro lado, Asturias tiene un gran potencial para producir energía con biomasa, que conlleva ventajas, tanto ambientales como económicas. En el monte, un residuo se convierte en recurso y por tanto da un valor económico a algo que antes no lo tenía.


Otro punto es el aprovechamiento de los recursos de montes comunales y privados. El borrador de la Estrategia española para el desarrollo del uso energético de la biomasa forestal residual estima que en Asturias existen más de 4,5 millones toneladas de biomasa forestal que generarían un potencial de 260.132 toneladas al año.


La biomasa regional no depende de oscilaciones en los mercados internacionales y, por tanto, reduce la dependencia energética del exterior. Se produce en el medio rural y contribuye a generar empleo y a crear rentas. La extracción de biomasa de los montes de forma organizada contribuye a la prevención de incendios y combate la aparición de plagas y enfermedades. Contribuye a la realización de tratamientos silvícolas y potencia el sector forestal. El balance de CO2 es nulo, por lo que contribuye al cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto.


Los países nórdicos llevan años empleando biomasa para producir energías renovables. En Asturias sería posible alcanzar la cobertura del 50 o 60% de las necesidades de la población, según algunas estimaciones. Los más optimistas le atribuyen capacidad para generar hasta 10.000 empleos, cinco veces más de los que cuenta el sector en la actualidad. La gestión de estos terrenos de propiedad colectiva (montes comunales), con un bajísimo nivel de aprovechamiento, supondría elevar significativamente la renta agraria a través de un incremento sustancial del valor de la producción, fundamentalmente, de madera y de carne.


La ley de Montes y Ordenación Forestal no ha sabido desarrollar el potencial que tiene la masa forestal del colectivo vecinal. Desde 1999 Asturias cuenta con un plan forestal. Con una vigencia de 60 años, debe ser revisado cada 10. Se plantea como objetivos ganar 192.000 hectáreas de superficie arbolada, reforestar otras 175.000 y reducir en 16.000 el actual terreno improductivo.


La primera revisión, que se hizo en 2009, nos indica que ha habido un claro incumplimiento de las previsiones, sobre todo en materia de inversiones. El monte en Asturias ocupa una superficie de 700.000 hectáreas, de las cuales unas 285.000 son de propiedad privada, por lo general, minifundista, y unas 165.000, de propiedad pública, y unas 300.000 son monte comunal.


Con un 7% del total nacional, aproximadamente, Asturias es la cuarta comunidad autónoma de España en producción forestal, tras Galicia (28%), Castilla y León (15%) y el País Vasco (10%), pero esa participación no es indicativa de la verdadera potencialidad de la región. Pese a la abundancia de bosques en su territorio, consecuencia de unas excepcionales condiciones climáticas para el desarrollo de algunas especies arbóreas, Asturias ha sido históricamente una región agrícola y ganadera en la que nunca ha prendido la cultura forestal.


Los bosques comunales ocupan casi un tercio del territorio asturiano, pero su mínimo rendimiento contrasta con el que se obtiene de ellos en otros lugares de España, donde han contribuido a la prosperidad de amplias comarcas como el Valle del Jerte, en Extremadura; Vinuesa y San Leonardo, en Soria, y Covaleda, en Burgos.


Estas experiencias confirman que los montes comunales pueden ser instrumentos de desarrollo sostenible, con capacidad para generar nuevas actividades económicas o complementar las actividades que vienen siendo tradicionales en el campo.


En el caso de los montes de mano común una medida que se debe poner en práctica es estimular, con apoyo financiero, a las comunidades vecinales para que se constituyan para la gestión de los montes de este tipo de régimen, así como firmar convenios de aprovechamiento a largo plazo con empresas, en virtud de los cuales los vecinos perciben unos resultados cada año.

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