Oviedo, Eloy MÉNDEZ
Ni las plagas de insectos, ni las enfermedades producidas por hongos ni la carpocapsa. Los principales enemigos del manzano son los roedores y los corzos. Los primeros, por su capacidad para afectar a las raíces de los árboles y provocar su posterior muerte y, los segundos, por su costumbre de frotar la cornamenta con el tronco y causar desperfectos irrecuperables. Eso sostienen los expertos del Serida, que han elaborado una guía sobre los problemas a los que se enfrenta el sector de la producción. No obstante, estiman que las pérdidas globales por daños se han reducido en los últimos años, aunque matizan que los porcentajes varían mucho por cultivo, en función de los cuidados que cada campesino dedique a su finca.
«Es imposible calcular el porcentaje de la cosecha total que se pierde por agentes externos, pero sí sabemos que un propietario que apenas invierta en protección puede fácilmente quedarse sin una cuarta parte de ella y que los principales peligros son los roedores en el subsuelo y los corzos a ras de suelo», explica el doctor en Biología Marcos Miñarro, autor, junto a Enrique Dapena y María Dolores Blázquez, de la «Guía ilustrada de las enfermedades, las plagas y la fauna beneficiosa del cultivo del manzano», presentada el martes en Oviedo.
El documento recoge imágenes y explicaciones sobre los principales problemas a los que se enfrentan los responsables de las pomaradas y es el resultado de años de estudios de estos tres técnicos del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida). «Se ha tomado conciencia de que es necesario realizar esfuerzos para mantener a salvo los manzanos», prosigue Miñarro, que destaca que el sector productor presenta características muy diferentes en las diferentes zonas geográficas del Principado. «Por poner un ejemplo, en algunos concejos no hay corzos, así que no es posible situar un problema en el primer lugar, porque ningún fenómeno es generalizado», afirma.
De todas formas, el biólogo deja claro que la mayoría de la fauna y flora que habita en las pomaradas «no es perjudicial». «Nadie se debe obsesionar porque los ecosistemas que se forman en torno a los manzanos tienen una gran biodiversidad y muchos de sus componentes son completamente inofensivos, cuando no beneficiosos», destaca. No obstante, en la guía que ha elaborado enumera algunos de esos principales problemas, que divide entre enfermedades y plagas y para los que ofrece soluciones. «Nuestra principal tarea es ayudar a los afectados a la hora de protegerse y, en caso de que sea necesario, atajar los posibles inconvenientes», dice.
En ese aspecto incidió también durante la presentación de la obra Álvaro Juan Menéndez, presidente de la Agrupación Asturiana de Cosecheros de Manzana de Sidra (Aacomasi), que además apostó «por una mayor modernización del sector productor, que se ha convertido en el eslabón más débil de la cadena, debido a que se ha quedado un paso por atrás en la renovación tecnológica iniciada por el sector transformador». «Cada poco cambian los gustos y los productos y debemos apostar por la investigación», remató.
El consejero de Agroganadería, Albano Longo, fue más allá y pidió iniciar cuanto antes «una diversificación del campo para no basarse tanto ni el vacuno ni en los monocultivos». «El sector productivo de la sidra es la clave para arrancar este proceso», subrayó, para prometer a continuación que «el Principado apostará fuertemente por la comercialización de los productos finales». Por su parte, Koldo Osoro, director del Serida, apostó por «integrar los recursos para competir en un mundo mucho más competitivo». Y apostó por la investigación para solucionar algunos de los principales problemas que afectan a las zonas rurales de la comunidad autónoma.
Por contra, algunos de los agricultores que asistieron a la presentación del libro se quejaron de la poca rentabilidad de sus cosechas y se lamentaron de los altos precios que acarrean tanto la recogida como el transporte de la manzana, hasta el punto de que muchos reconocieron que durante la campaña recién concluida dejaron en el suelo parte de la producción. Además, solicitaron a los responsables del Serida que organicen un mayor número de congresos para explicar sus medidas de cara a dinamizar el sector.
Entre las principales causas de pérdidas a las que tuvieron que hacer frente, además de las expuestas por los expertos, citaron la presencia masiva de jabalíes, que destrozan el terreno de las pomaradas, y el viento, que deja en tierra buena parte de la cosecha. El Consejero se comprometió a colaborar con ellos para corregir, en la medida de lo posible, esta situación, que se repite año tras año.