Bedriñana (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
Los principales enemigos del manzano son los corzos, la rata topo (conocida popularmente como topillo) y el hongo denominado «podredumbre del cuello». Así lo afirma José Luis Elías, pues asegura que en su finca de Bedriñana, en Villaviciosa, lleva años luchando contra esta enfermedad de los árboles que termina por secarlos y pasando a mejor vida en forma de leña para atizar la cocina. «Empiezan a ponerse negros alrededor del tronco, secárseles las hojas y a dar manzanas más pequeñas. Al año siguiente, seca», explica resignado este maliayés que asegura que este hongo no discrimina entre los pumares que dan frutos de mesa y de sidra. En el caso de los de Elías son todos manzanos de patrón franco.
José Luis Elías lamenta que este año ya haya tenido que arrancar unos siete árboles con una edad de unos 26 años, que «tenían que estar en plena producción», sostiene. «Todos los años tienes que reponer alguno y no sabes si seguir plantando o no», agrega este vecino de Bedriñana. Pues si el daño no lo causa el hongo lo provocan los corzos, que se dejan ver con asiduidad en el mismo pueblo.
El responsable del programa de investigación de fruticultura del Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Serida), Enrique Dapena, apunta que esta enfermedad es conocida como «podredumbre del cuello». Agrega que aparece con mayor frecuencia y es «relativamente habitual» en parcelas con humedad abundante en el suelo, principalmente en épocas de mucha lluvia, y también en terrenos arcillosos.
Dapena aconseja a los cosecheros examinar la base del árbol para detectar a tiempo el hongo, pues en ese caso, afirma que «es bastante fácil solucionarlo limpiando la herida, quitando la parte afectada, y aplicando cobre y «mástiq», una pasta protectora para favorecer la cicatrización». Manifiesta que los ejemplares «más adultos son más fáciles de recuperar». Dapena recomienda a los fruticultores que revisen los troncos en aquellas plantaciones más húmedas al final del invierno porque el calor de la primavera provoca el crecimiento del hongo. El investigador del Serida apunta que otro síntoma de que el árbol padece la enfermedad es el color rojizo de sus hojas.
Otro de los grandes enemigos de las pumaradas asturianas es el corzo y sus ataques tienen una especial incidencia en el concejo de Villaviciosa, uno de los más afectados. Estos animales comen los brotes de los injertos, hiriendo mortalmente a la planta. Las formas más recurrentes de proteger a los árboles de los corzos son el cierre de la finca y la protección del manzano mediante una malla, pero estas soluciones no siempre resultan suficientemente eficaces y en muchas ocasiones también son excesivamente costosas.
La rata topo es otro de los rompederos de cabeza de los fruticultores pues llevan años librando una dura batalla contra estos imbatibles y escurridizos roedores de campo viendo impotentes cómo se comen las raíces de sus pumares. Los topillos atacan especialmente a los ejemplares más jóvenes, que son también más vulnerables al sujetarse al suelo con raíces más débiles.