Director general del Centro Tecnológico Agroalimentario Asincar

La adaptación al cambio

El sector agroalimentario ante la innovación

27.08.2015 | 04:52
Pruebas a un costillar en las instalaciones de la Escuela de la Carne de Asincar en Noreña.

Es obvio que el proceso de cambio continuo que está sufriendo la sociedad afecta al ámbito empresarial. Permanecer activo en un mercado con hábitos de consumo dinámicos y dentro de un mercado global exige a las empresas una constante actualización. La industria agroalimentaria no es ajena a esta realidad. El sector, que durante los años 2011 y 2012 experimentó un ligero repunte, se ha visto afectado por la crisis, tal vez no de una forma tan dramática como la construcción o el turismo, pero sí de una manera que debe obligarnos a reflexionar sobre su futuro.

Es importante observar con atención qué sucede en otros sectores, analizarlo y plantearse cuál ha de ser el camino que se debe seguir en los próximos años. Un camino que pasa, necesariamente, por dar respuesta a un consumidor y una legislación cada vez más exigentes, por la incorporación de las nuevas tecnologías para los procesos de gestión empresarial y también de los procesos productivos.

El sector agroalimentario asturiano (carne, pescado, leche, pan, café, sidra?) formado mayoritariamente por pymes y micropymes, factura al año 2.000 millones de euros, respecto a los cerca de 14.000 millones de del total de la industria asturiana.

Estos datos, que dejan entrever una industria con futuro y un peso específico propio dentro de la región, pueden mejorar si se afronta un proceso de adaptación a las nuevas realidades.

Existen ciertas dificultades con las que convivir: los estrechos márgenes comerciales, la elevada competencia y la escasa variedad en los canales de comercialización. A ello se suma una legislación cada vez más exigente en materia de seguridad alimentaria, requerimientos de la gran distribución para producir bajo los más estrictos estándares de calidad y el trabajo con materia prima y productos perecederos, cuya gestión logística resulta muy compleja y cara.

De la misma forma, la reflexión pasa por darse cuenta de que, independientemente de su tamaño, las empresas no pueden trabajar y fabricar alimentos como hace una década, cuando las necesidades de los consumidores eran otras. Se ha disparado la demanda de alimentos saludables, etiquetas limpias, incorporación de conservantes y antioxidantes naturales.

Además, existe la oportunidad de acceder a un mercado global. Eso sí, a costa de perfeccionar, por ejemplo, los sistemas de envasado que garanticen unas adecuadas condiciones de vida útil con los que se preserven la calidad y características sensoriales del producto y que, además, resulten atractivos para el consumidor.

Es una realidad a la que hay que dar respuesta. Tenemos una industria de calidad, con materias primas excelentes que son referente, en muchos ámbitos, más allá de nuestras fronteras. Si queremos colocarnos en la línea de salida, aumentar nuestras exportaciones, que actualmente se sitúan en tono a los 160 millones de euros, debemos aprovechar los recursos que existen.

Asturias tiene una gran ventaja respecto a otras comunidades autónomas. Hace 38 años las propias industrias crearon su Centro Tecnológico que desarrolla una intensa actividad en materia de innovación y transferencia tecnológica, que es casi única en nuestro país. Un Centro que se combina con una actividad clúster dinámica y activa que el tejido empresarial agroalimentario asturiano -consciente desde hace casi cuatro décadas del valor de la innovación- debería de aprovechar.

La implantación de tecnologías que les permitan seguir siendo competitivas es esencial para avanzar. De igual manera, la formación de tecnólogos y personal de alta cualificación tienen que ser puntales sobre los que actuar y en los que el Centro Tecnológico trabaja para apoyar a las empresas de nuestra región.

Asincar puede jugar un papel importante en este objetivo porque conoce las necesidades reales y el funcionamiento del mercado. Crecer y salir de la crisis debe ir de la mano de la reformulación de los productos, su adaptación a los nuevos hábitos de consumo y la fabricación de alimentos para colectivos específicos y, por supuesto, de la potenciación de las marcas de calidad de nuestros productos más emblemáticos y tradicionales.

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