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Me quedo en el pueblo Armal (Boal)

La fuerza emprendedora de una boalesa

Noelia García y Pablo Vélez fueron pioneros en el Occidente asturiano al poner en marcha una explotación de huevos ecológicos en su tierra natal

24.03.2016 | 04:45
Pablo Vélez García y Noelia García Fernández con su hijo Xurde, en su huerta e instalaciones de Pitasana.

Noelia García Fernández es pura energía y seguridad en sí misma. Todo ello aderezado de positivismo y una experiencia vital que le ha servido para poner en marcha un proyecto que a día de hoy es todo un éxito: una granja de huevos ecológicos en la localidad de Armal, en Boal, su tierra natal, al igual que la de su marido, Pablo Vélez. Ambos son padres del pequeño Xurde, nacido en 2014.

"Empezamos a trabajar con la granja en 2013 y al año siguiente nació nuestro hijo. Al principio traje 380 gallinas ponedoras que empezaron a poner ese año en septiembre. Las criamos y empezaron a producir. Hoy tenemos 500", explica esta mujer que antes de convertirse en empresaria se formó, viajó y evaluó la forma de volver a su pueblo, a vivir y trabajar en él, con un proyecto de futuro. Ella cree que la formación y el reciclaje continuo son necesarios. "Estudié tres Bachilleres diferentes y tres tipos de grado superior, licenciándome en Imagen y Sonido. Trabajé como técnico de iluminación en varios teatros en el País Vasco. Viajé cuanto pude cuando era más joven y asimilé información que me vino muy bien. Fue trabajando en Canarias, con 18 años, cuando estuve en una cooperativa ecológica donde ya entré en contacto con este mundo. Al final, cuando llegó la crisis, quise volver al pueblo y me formé en la Escuela de Selvicultura de Tineo, realizando el grado medio de Trabajos Forestales y de Conservación del Medio Ambiente. Después de tanto viajar, tenía muchas ganas de regresar a casa", asegura.

Su empresa actual es el resultado de uno de los proyectos que en su día presentó dentro de la asignatura de Gestión de Empresas. "Lo vi viable y, adelante, nos pusimos con él", añade. Así nació Pitasana, un negocio rural pionero en el occidente asturiano, donde las gallinas pastan en libertad la mayor parte del día. "Todo el terreno es para ellas. En el prao tenemos una nave diseñada para que duerman allí y pongan los huevos, y el resto del tiempo están fuera. Está cerrado con policarbonato para aprovechar toda la luz y orientado hacia el Sur. Tiene una estructura tipo invernadero y cuenta con muy buena ventilación", matiza.

En cuanto a la alimentación de los animales, señala que todo es ecológico, "hasta los manzanos, plátanos, berzas, escanda, maíz... de todo".

El trabajo está muy repartido en esta pareja. Pablo, que antaño trabajaba como guarda de campo, se ocupa de la granja y todo lo que tiene que ver con el cuidado de los animales, sembrar, hacer las pacas de escanda, etcétera, y Noelia lleva la gestión de la empresa, el papeleo, la casa, la maternidad, la distribución por toda Asturias y, cuando puede, también ayuda a su marido. Esta mujer es muy clara a la hora de hablar sobre el regreso al campo: "Antes de meterse en ningún tinglado es necesario formarse, estudiar, leer mucho, informarse. No todo el mundo puede emprender en el campo y hay momentos durísimos. Tienes que trabajar todos los días veinticuatro horas, te guste o no, tener mucha pasión, ser constante y también creativo. Esto no es que sea maravilloso, pero yo soy feliz".

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