09 de septiembre de 2016
09.09.2016
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Me quedo en el pueblo
La Roda (Tapia de Casariego)

Una historia con mucha miga

María del Mar Fernández se inició como panadera con 19 años en el pueblo tapiego en el que fue pionera como joven emprendedora rural

09.09.2016 | 03:43
María del Mar Fernández Carbajales, delante de su horno de leña en su obrador de La Roda, en Tapia de Casariego.

La historia de María del Mar Fernández Carbajales es la historia de una luchadora nata. El que se la considere una excelente panadera y repostera donde vive, en la localidad de La Roda, en Tapia de Casariego, se debe a muchos años de trabajo y de constancia, además de su empeño por reciclarse continuamente y disfrutar, al tiempo, con lo que hace.

"Tras realizar mis estudios de Bachiller, me incorporé muy joven a la panadería de mi hermano. Cuando la dejó, yo me puse al frente, tenía 19 años, pero a los 17 ya estaba por el obrador aprendiendo el oficio", recuerda esta joven mujer, natural del pueblo de Momián, muy cerca de La Roda, y que en su día, hace ya veintiún años, cuando empezó ella sola al frente del negocio, fue considerada una pionera en su pueblo como joven mujer emprendedora. La motivación de seguir adelante, en principio, y tal como ella afirma, "fue un poco por mis padres, aunque ellos no se dedicaban a esta profesión, tenían ganadería. Sin embargo, me gustó desde el principio y enseguida tuve muy claro que quería continuarlo".

Desde entonces hasta hoy tantos años de duro trabajo le han servido para ir ampliando poco a poco el obrador, realizar obras en la parte superior para poner en pie lo que hoy es su vivienda y además generar puestos de trabajo. "Yo tengo una ayudante que trabaja conmigo aquí por la noche y además tres repartidoras. Todas mujeres. Cuando termino, también yo reparto, aunque cubro menos kilómetros que ellas", destaca.

Al frente de su establecimiento, la Panadería D'A Roda, elabora y prepara todo tipo de panes artesanos: "De centeno y trigo, el blanco normal, integral con y sin sal, pan de centeno con pasas y nueces; en fin, hay mucha variedad", recuerda ella, que, como buena autodidacta y tras participar en diversos cursos ofertados por pasteleros de la zona, también lleva años elaborando una gran variedad de tartas de sobrada fama en todo el concejo, siendo las que más triunfan la tarta de queso, la de almendra y el brazo de gitano, aunque lo cierto es que tiene una variedad que abruma. También realiza todo tipo de bollería, además de empanadas con rellenos tradicionales y otros más novedosos. Todo ello logrado a base de mucha constancia y de tesón. "La verdad es que los dos o tres primeros años fueron muy duros, pero salí adelante. También he padecido, como muchos, la crisis, pero hemos remontando y sigo trabajando en la panadería con la misma ilusión y ganas del primer día", señala esta mujer que, a la vez, también defiende la calidad de vida en los pueblos.

"Es cierto que mis horarios me tiranizan un poco y que vivo tal vez al revés que muchos, trabajando por la noche y durmiendo por el día, pero así es este oficio. Nunca pensé irme de aquí, estoy muy a gusto viviendo en este pueblo, con mis vecinos. No cambio esta tranquilidad por nada".

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