«Nosotros, que no tenemos nada, somos más solidarios con nuestros compatriotas que ahora, viejos y pobres, ya no interesan a nadie»
Cuca ALONSO
Adela Sierra Denis es la actual presidenta de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba, o, lo que es lo mismo, del Centro Asturiano de La Habana. Un destino insospechado para esta mujer nacida en Infiesto, en 1952, primogénita de una familia acomodada. Desde entonces su vida ha estado llena de vericuetos, aunque es posible que éstos aún no se hayan detenido, ya que pese a realizar con absoluta responsabilidad sus funciones presidenciales, en el punto de mira de su ilusión está el regreso a España, acompañada de su único hijo, Ángel. Volver a España. Volver para quedarse. Y bien que lo merecería esta asturiana elegante, discreta, cuyo valor personal destaca entre las gentes de su entorno. Ella no se queja de la estrechez que oprime su día a día, pero en su mirada hay muchas tristezas. Alta, distinguida, de conversación amena, es consciente de la obligación de sus silencios.
Dos banderas, España y Asturias, presiden el despacho de Adela Sierra, más una imagen de la Santina y muchos recuerdos del brillante pasado asturiano en la isla.
-Dígame, ¿cómo una niña de Infiesto pudo acabar aquí?
-Mi padre había emigrado a Cuba cuando tenía 16 años con el propósito de eludir el servicio militar. No tenía ningún vínculo familiar en La Habana y, por tanto, nadie le esperaba, pero enseguida logró abrirse camino trabajando en el ramo de la hostelería. Todo iba bien, incluso puso sus propios negocios. Su último restaurante, El Escorial, uno de los mejores de la ciudad, estaba en la calle San Lázaro, en pleno centro de La Habana. Cuando regresó a Infiesto en 1950, a la edad de 40 años, se había casado con una cubana, Sofía Denis, y ya era un hombre acaudalado. Yo nací poco después. Cuatro años más tarde quiso volver a La Habana, por poco tiempo, con la intención de revisar y organizar sus negocios, pero la estancia se alargó algo más de lo previsto y ya no pudo regresar a España. Había estallado la Revolución de 1959 y todo se fue al traste, es decir, perdió sus bienes. Para mi padre supuso un gran sufrimiento, hasta el punto de que nunca se repuso de la depresión y acabó falleciendo.
-¿No tuvo usted más hermanos?
-Sí, una hermana, Ana María, nacida en Cuba, en 1958, tras el regreso de mis padres, pero tiene la nacionalidad española.
-¿Cómo fue su vida a partir de ahí?
-Yo me licencié en Ciencias Económicas y durante 32 años he trabajado en el Comité Estatal de Estadística; actualmente estoy jubilada por peritaje médico, debido a una enfermedad. Mi hermana es doctora especialista en Higiene de Alimentos y Nutrición. De otro modo, yo me casé con un ingeniero, del que estoy divorciada, y mi hijo cuenta 22 años.
-¿Por qué ha llegado a presidir el Centro Asturiano?
-Siempre estuve vinculada a él, y desde hace 10 años soy la presidenta de la Sociedad Benéfica Covadonga, que reúne a los asturianos que no están representados por ninguna sociedad. Por otra parte, he sido jefa de despacho de la Federación de Sociedades Españolas en Cuba, que agrupa las 108 sociedades de toda España. Todos estos cargos nunca han sido retribuidos, pero en 2004 me concedieron la distinción «Miguel de Cervantes Saavedra» que se otorga al esfuerzo por la patria. En la actualidad soy directiva de otras siete sociedades asturianas.
-¿Qué implica su trabajo de presidenta?
-Siempre hay muchas cosas que hacer. Estos días, junto al alcalde de Quirós, Agustín Farpón, que acaba de llegar a La Habana, estamos trabajando en la «Operación añoranza», una empresa que lleva 15 años realizándose. Consiste en financiar el viaje a Asturias a unas 80, 90 o 100 personas, depende, que permanecerán en sus correspondientes lugares de origen durante un mes, siempre que tengan allí familias que les acojan. La llegada a Asturias es conmovedora, aunque hay personas que han de renunciar al viaje porque ya no tienen a nadie.
-En general, ¿suele haber una buena respuesta por parte asturiana?
-No, nosotros, que no tenemos nada, somos más solidarios con nuestros compatriotas. En este viaje hay familias que han respondido a la propuesta diciendo que no vayan sus parientes a Asturias, pese a que estos tenían todos los gastos y papeleos del viaje tramitados. Otros están deseando botarlos de vuelta a Cuba e incluso se han dado casos de no aparecer en el aeropuerto para recibirlos, y es un dolor... Aparte de la inmensa pena, hay que costearles un hotel, donde se quedan solos, esperando el día del regreso. La mayoría son viejos y pobres y ya no interesan a nadie. ¡Ah!, si viajaran con una fortuna...
-¿El regreso, para aquéllos bien acogidos, suele ser doloroso?
-No, porque por poco que tengan aquí, ésta es su casa.
-¿Por qué asumió el cargo de presidenta?
-Fui elegida por unanimidad de los socios y he de decir que soy la primera mujer que ostenta esta responsabilidad en los 103 años de vida del Centro Asturiano. Cada candidatura se extiende a tres años y ésta es la segunda que presido. Tengo una gran responsabilidad porque cada día quedan menos asturianos, y al reducirse el grupo, todos se apoyan en mí. Creo que yo fui la última emigrante. A Cuba ya no viene nadie, y los mayores se van muriendo. Contamos únicamente 402 asturianos nativos y 3.500 descendientes.
-¿Qué les facilita el Centro?
-Atención y distribución respecto a las ayudas que envía el Principado una vez al año. Nosotros teníamos un tío abuelo que, acogiéndose a la «Operación añoranza» en 1992 y a sus 92 años, no había regresado nunca, pero lo invitó el alcalde de Piloña. Al llegar a su aldea, Cardes, en Infiesto, no quiso regresar a Cuba, y los sobrinos, encantados de que se quedara. Vivió otros cinco años absolutamente feliz, incluso engordó y al final pudo morirse en la misma casa donde había nacido. Estaba en La Habana desde los 16 años y también había logrado hacerse rico con su trabajo, pero en el 59 lo perdió todo.
-¿Cuántas sociedades asturianas quedan en pie?
-Se mantienen 35. Todos los domingos invitamos a comer a alguna, en sistema de rotación, de manera que visiten el Centro todos una vez al mes. Así recogen informaciones y saben qué actividades han de realizarse para poder disfrutarlas.
-¿En qué consisten dichas actividades?
-En visitar a los viejos en el asilo del Gobierno, cuidar del mantenimiento del panteón asturiano, darles conferencias sobre temas de nuestra tierra,... También hay cursos de pintura, de ajedrez, una banda gaitas, una escuela de baile español,... y los festivales «La huella de España», en los que participamos junto a otras regiones. La biblioteca funciona todos los días, contiene unos 2.000 volúmenes y se prestan CD que nos envían del Principado.
-¿Cuál es la peña más importante entre las españolas?
-La gallega, la canaria y después la asturiana, pero todas en regresión.
-¿Y quién financia todo esto?
-La mayor parte de los ingresos procede del Principado de Asturias y el Gobierno central también da algo de dinero algunas veces. El restaurante para personas no asociadas se abastece a sí mismo, sin lucro para nosotros, que sólo brindamos el servicio.
-Hábleme de su jubilación, ¿a cuánto asciende?
-A 202 pesos cubanos, no convertibles, que equivalen a unos siete euros al mes. No, no se puede vivir con ese dinero, pero recibo ayuda de mi familia de España, siempre en la medida de sus posibilidades.
-¿Cómo ve el futuro de Cuba, la ama?
-Tanto como a Asturias. Su gente, su clima,... La Habana vieja es Patrimonio de la Humanidad. Sus museos, sus teatros, sus playas únicas,... ¿El futuro? Hay avances en salud y educación, y no sé nada más. Desde la visita del Papa Juan Pablo II se ha advertido un cambio muy favorable en la religiosidad de las gentes, que aunque siempre se mantuvo, ahora hay padres muy entusiasmados con la participación en la Iglesia.
-¿Y qué me dice de la santería?
-Tiene más repercusión fuera de Cuba que en Cuba. Aquí hay muchas religiones, pero siempre ha predominado la católica.
-¿Existe algún tipo de resentimiento contra España? Algunos políticos se han pronunciado de un modo muy negativo...
-No sé lo que pensarán ellos, pero puedo asegurar que los cubanos se sienten muy orgullosos de su raíz española. España es la madre patria. Y los españoles vinieron aquí a trabajar y engrandecerla; todo lo que consiguieron fue con el sudor de su frente. Nadie vino a robar, y la huella española es imborrable. Sólo en gastronomía, ¿quién no conoce la tortilla española, la paella, la fabada asturiana? Y qué edificios dejaron... No hay más que mirar al Centro Asturiano, hoy convertido en Museo Nacional de Bellas Artes.
-¿Cómo ven ustedes la España de hoy?
-¡Ay! Es otro mundo. Un sueño dorado. Siempre tenemos el deseo de volver, y yo, personalmente, lo haría a Gijón. Es la ciudad que más me gusta de Asturias. Hace dos años estuve en Gijón participando en el Congreso de asturianía y me fascinó su ambiente.
-¿Qué deseo es el más apremiante para el Centro?
-Necesitamos muchas cosas, pero hace años tuvimos un club de fútbol que quisiéramos renovar, ya que hay una afición muy resurgente entre los jóvenes. Quisiéramos conectar con el Sporting para que nos ayuden más en el aspecto técnico que en el material. Necesitamos asesoramiento. Aquí el fútbol es eminentemente callejero, hay muy pocos campos, pero algo buscaríamos.