J. C. GEA
Estamos acostumbrados a pensar en una pieza de arte como en un objeto único, estático, ideado para la eternidad, casi sagrado. A principios del pasado siglo, las vanguardias iniciaron una demolición de ese concepto tradicional del arte que completaron tendencias y nuevos medios tecnológicos surgidos a partir de la segunda mitad del XX. La exposición «Feedback», plato fuerte de la serie de cuatro con las que se ha inaugurado Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, reconstruye una parte importante de esa historia: en concreto, la de lo que sus comisarios describen como «arte reactivo a instrucciones, a "inputs" o a su entorno».
La palabra inglesa «feedback», que se suele traducir como «retroalimentación», designa precisamente la cualidad que comparten todas las obras seleccionadas por Christiane Paul, Jemima Rellie y Charlie Gere para esta exposición: todas ellas desarrollan, según explica Paul en el catálogo, «un proceso por el que un sistema se modula, controla o modifica en función del "output" o respuesta que genera». La propia obra es, en ese caso, ese «sistema» que reacciona de muy diversos modos ante determinadas órdenes internas (como un programa informático) o determinadas condiciones externas (como la temperatura, la presencia de otros «sistemas» o espectadores, o la manipulación directa). Naturalmente, todo esto nada tiene que ver con el modo en que, en el arte tradicional, se dice que la mirada de espectador transforma una obra de arte al contemplarla. Aquí la transformación es literal y eso pone a prueba a menudo nuestra percepción de lo que es una obra de arte. Charlie Gere lo explica con otras palabras en el catálogo: «Feedback» ilustra «el paso de la obra de arte desde la condición de objeto estático a la de proceso capaz de reaccionar ante determinados aspectos de su entorno ocontexto y de ser modificado por ellos y, al mismo tiempo, de modificar dicho contexto».
El recorrido que «Feedback» propone está recorrido por ese hilo conductor y, aunque no pretende ser exhaustivo, sí quiere rastrear los distintos procedimientos y objetivos con los que los artistas del último siglo han intentado construir objetos artísticos que nos respondan y que, a su vez, nos hagan literalmente responsables frente a ellos de un modo que el arte no había intentado antes. Conviene acudir sin prejuicios: dispuestos a hacer nuestro propio «feedback».