JOSÉ A. SAMANIEGO
Dora Salazar (Alsasua, Navarra, 1963) dibuja, ilustra libros, realiza esculturas. Hasta el 13 de mayo ha situado doce cuerpos humanos en la capilla de la Trinidad del Museo Barjola. A los doce cuerpos en pie, desnudos en la capilla, se han de añadir un torso y cinco rostros de los modelos. Según el título de la intervención («Exponerse») los ha «expuesto», tanto en el sentido religioso del término exponer, que significa mostrar algo sagrado, como en el otro de correr algún peligro.
La técnica ha consistido en cubrir partes de un cuerpo con gasas y recubrirlo de escayola, hasta obtener un molde completo. La misma técnica que se utilizaba en anteriores épocas para estofar y pintar la escultura en madera. Los protagonistas son cuatro personas, miembros de una misma familia: el padre, la madre, una chica joven y un niño. Desde un monitor de televisión ellos nos hablan de su experiencia, la de posar desnudos ante una escultora, la de sentir el frío de la escayola, la rigidez del cuerpo a medida que seca, las dificultades del despegue de las planchas por causa del vello corporal. Pero no nos dicen cómo se sienten en la capilla, calvos, depilados y ciegos, la boca abierta, las manos indecisas, tanteando las tinieblas como muertos que acaban de cruzar una frontera.
Hay un cierto realismo estremecedor. Las cuatro esculturas del padre son las más expresivas y relajadas. El niño crece mucho en edad, como si la obra anticipara su futuro. La joven es la más natural, la que mantiene una relación muy cómoda tanto con la vida como con la muerte. Aunque el realismo de las piezas denota su origen en múltiples detalles, hay también su parte de intervención de la autora en el corte y ensamblaje de las planchas. He aquí los cuerpos desnudos en la capilla. Los cuerpos humanos como objetos sagrados, atendidos con mimo y delicadeza, cada vez más identificados con el ser. La capilla como símbolo de lo público (la playa, el gimnasio, la sala de duchas, los baños, la pasarela, el escenario de rodaje). Y la ciencia que estrecha el espacio entre materia y espíritu.