Julia Gallego Valdés muestra 20 cuadros y un esmalte sobre barro en la galería Pablo's de la calle Garcilaso de la Vega, 14. Ha titulado su muestra «terreno no edificable», el que se salva del cemento y la intervención humana más directa, el que contiene briznas de belleza, naturaleza potencial de paisaje romántico libre. Julia Gallego Valdés (Gijón, 1972) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca (1992-97). Vive en contacto con su inspiración, en San Justo, camino de Villaviciosa.
Julia Gallego practica diversas técnicas de grabado y pintura, cosa muy normal hoy en día, por la facilidad de aprendizaje que ofrecen los procedimientos actuales. Aquí trabaja a técnica mixta, unas veces sobre papel de celulosa (el amate mejicano anterior a Colón, hecho artesanalmente con fibras de maguey y diversas clases de ficus), otras sobre lienzo, tabla o cerámica. Cuando Julia coge una tabla de madera pocha, que encuentra en cualquier rincón del mundo rural en que vive, y la transforma en paisaje sugerido, con sus tintas y colores, sus formas adaptadas a la condición de la madera y las texturas seguidas o impuestas, es como si diera un recital sobre su manera de trabajar y entender el paisaje.
Así entendemos la diversidad de formatos, que llega a extremos de alargamiento, tanto en vertical como en horizontal. El gusto por las texturas, conseguidas con los mismos materiales pictóricos, desde la tinta a la espesura de las pastas de acrílico, o mediante aplicación de masillas o resinas. La pincelada amplia y sugerente, de paisaje soñado. El color matizado, sin apenas estridencias. Todo ello da como resultado un paisaje que recuerda los biombos japoneses, pero desdibujados. O las obras que Turner no se atrevía exponer, aunque sin necesidad de ampararse en la niebla para crear manchas de colores difuminados. O incluso un Kandinsky que arrastra por la tela las figuras hasta casi un punto de abstracción, aunque sin los contrastes de color, que en Julia Gallego es suave y delicado, lleno de matices.