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MARCOS LEÓN MARCOS LEÓN MARCOS LEÓN MARCOS LEÓN MARCOS LEÓN María IGLESIAS
«Con tan sólo 16 años y cansado de fregar platos como ayudante de pastelero en una cocina de Viena, un buen día Franz Sacher decidió ponerse el mandil por montera. Dejó de lavar cacharros y empuñó los útiles de repostero para crear, con los ingredientes que más le gustaban, una tarta que se convertiría en el postre nacional por excelencia: la tarta Sacher».
Dos siglos después, el pastelero de la confitería La Fe de Salvador, Fermín García, repasa la historia de este joven ante un público muy particular: los niños de 6 años de la escuela infantil Gloria Fuertes, en El Llano. Ésta es la tercera ocasión que García acude al centro para explicar y poner en práctica los secretos de una suculenta receta de chocolate a los pequeños, entre los que se encuentra su hija Alba.
Y es que dentro de las semanas de las profesiones, el colegio se «aprovecha» de la ayuda de algunos padres para que cuenten a los escolares en qué consiste su trabajo. «Siempre traigo postres con chocolate porque sé que a ellos les encanta», explica el repostero, que ha visto crecer a los niños. «En primer curso les enseñé a crear una mousse de chocolate, el segundo año rocas de chocolate y almendra y ahora la tarta Sacher», cuenta Fermín García.
Pero con la llegada de Fermín al colegio no sólo queda de manifiesto que a los niños les gusta el chocolate, sino también otros valores. «A lo largo de la semana hacemos problemas de matemáticas con pasteles, explicamos la educación en valores diciéndoles que hay que compartir con otros niños, o incluso hablamos de la igualdad cuando hay niños alérgicos a algún ingrediente», cuenta una de las profesoras del colegio, Lourdes Martínez.
Además son muchos los que se sienten atraídos por esta profesión y le comentan a Fermín García su intención de dedicarse a la pastelería. «Intento quitarles la idea de la cabeza, les digo que primero estudien y que después se dediquen a lo que quieran, porque trabajar los fines de semana no les va a gustar mucho», reconoce el repostero.
Tras una hora de clase todos aprendieron a cocinar un bizcocho de chocolate, a rellenarlo con mermelada de albaricoque y a cubrirlo con una espesa capa de chocolate y mantequilla. «Debido a que hay un niño alérgico a las proteínas derivadas de la leche, utilizamos mantequilla de aceite de oliva, pero les gusta igual y se ponen morados», dice Fermín.
Esta clase en el Colegio Gloria Fuertes no fue muy distinta a la cocina de Franz Sacher del siglo XIX, con la diferencia de que al terminar de realizar su postre de chocolate, ninguno de los pequeños tuvo que fregar los cacharros.
-La tarta Sacher
1. Se hace un bizcocho de chocolate y mantequilla. Al chocolate fundido se le incorpora mantequilla, yemas de huevo, azúcar y claras de huevo. Cuando estén al punto de nieve se les incorpora el resto del azúcar.
2. Se unen las dos masas y se incorpora harina. Después se introduce en el horno durante cuarenta minutos.
3.Una vez cocido el bizcocho de chocolate, se abre a la mitad y se rellena de mermelada de albaricoque, preferiblemente caliente, para que empape al bizcocho.
4. Después, se deja enfriar.
5. Una vez frío, el postre se cubre con un baño de chocolate y mantequilla caliente (lo que se conoce como pomada de chocolate)
6. Una vez hecha la tarta, se escribe con letras de chocolate «Sacher», como homenaje a su autor, Franz Sacher.
-Historia
Inventada en 1832 en Austria, por el aquel entonces joven aprendiz de repostería Franz Sacher, como un postre para deleitar a un selecto grupo de invitados del príncipe Klemens Wenzel von Metternich.
Franz Sacher tiempo después de su creación, como jefe repostero creó su propio negocio.
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