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Organización de espacio en Asturias

 
Organización de espacio en Asturias
Organización de espacio en Asturias  
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POR: JAVIER GRANDA Si hay alguna publicación que resulta de obligada lectura para comprender la génesis, la estructura y la evolución posterior del paisaje tradicional en Asturias, ésta es la firmada por el geógrafo Jesús García Fernández. Fue este autor (Valladolid, 1928-2006) una de las grandes figuras de la Geografía española de la segunda mitad del siglo XX. García Fernández formó parte del selecto grupo de discípulos directos del profesor Manuel de Terán. A su destacada capacidad intelectual sumó una onda preocupación por el rigor y el esfuerzo personal, lo que unido a su profundo conocimiento de la geografía en sus más variadas disciplinas (geografía rural, urbana, geomorfología, climatología, etcétera) hicieron de este catedrático de la Universidad de Valladolid un verdadero erudito y un maestro para varias generaciones de geógrafos.


En los setenta, y enmarcado en su interés por el mundo rural, García Fernández abordó el estudio de la denominada España Atlántica y fruto de este análisis general, en el que se aunaba el manejo de fuentes históricas, bibliográficas y el reconocimiento sobre el terreno, fue la publicación (primera edición en 1976) que reseñamos centrada en la reconstrucción de la organización del espacio rural asturiano. En la introducción del libro se señala uno de los aspectos que ayudan a entender la importancia del mismo: sin conocer la organización de los tiempos pasados es difícil comprender las características y los problemas que hoy presenta el mundo rural en la región (a caballo entre el decaimiento y la transformación-extinción). El primer capítulo del libro se dedica a explicar la organización de la sociedad asturiana desde finales del siglo XVI, una sociedad dual de propietarios y colonos, en la cual, la riqueza (vinculada a la propiedad de la tierra) estaba en manos del estamento privilegiado (grandes títulos, el clero, monasterios). Frente a ellos, el campesinado, cuya misión principal era la de trabajar por la mera subsistencia y mantener, por la vía del pago de las rentas, al estamento privilegiado. Como señala el autor, la tierra no era entregada en parcelas aisladas al campesino para su explotación, sino en unidades de explotación completas, las caserías, compuestas por la casa y sus dependencias auxiliares (hórreo o panera, cuadras), las tierras de cultivo y los derechos para el aprovechamiento de los montes comunales. En este capítulo también se hace un repaso a los distintos tipos de arrendamientos, la indivisibilidad-desdoblamiento de las caserías y las formas más comunes de aparcería del ganado.


En el segundo capítulo, fundamental para entender la configuración del medio rural actual, se aborda la organización del poblamiento y el papel de la quintana (formada por la casa, la antojana y una o varias parcelas cerradas destinadas a huertos) como elemento básico del poblamiento en Asturias. También se analiza la materialización del poblamiento más característico a partir de la pequeña «aldea de elementos disociados» (formada por la cercanía de varias quintanas) y la posterior aparición del poblamiento disperso (de caserías aisladas), ya en el siglo XVIII. En el siguiente capítulo el autor analiza con detalle la organización del terrazgo, que junto con los montes comunales, constituía la base principal de la economía rural. Especialmente interesante son las páginas dedicadas al espacio destinado al cultivo de los cereales, las llamadas sernas, sienras o tierras de pan llevar, que desde el momento en que adquirieron un carácter permanente y diferenciado del resto de las tierras, pasaron a denominarse erías. En la ería cada colono o forero tenía sus parcelas de cereales, y no podía dedicarlas a otros cultivos ni cerrarlas, pues el terrazgo pertenecía a la aldea. El aprovechamiento de la ería, que se delimitaba con una cerca en todo su perímetro, estaba totalmente reglamentado por las ordenanzas concejiles, las que fijaban la fecha de siembra, de la siega, de la recogida de la mies y de la apertura de la cerca para que los ganados pudiesen aprovechar los rastrojos, operación conocida como la derrota.


En el tramo final del libro se estudia el papel del monte en el sistema rural tradicional (sujeto a un aprovechamiento complejo agrícola, forestal y pastoril) y el modo de vida y los usos colectivos del campesinado asturiano.

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