entre anaqueles

Memoria de las obras de El Musel

 
Memoria de las obras de El Musel
Memoria de las obras de El Musel  
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POR: JAVIER GRANDA En un momento en el que con echar la vista al horizonte se advierte la magnitud de las obras de ampliación del puerto de El Musel y en el ambiente se respira la inquietud ante los posibles problemas para financiar las obras pendientes, puede resultar estimulante volver la vista atrás y comprobar como la vida del puerto exterior gijonés nunca fue fácil, ni estuvo exenta de problemas y conflictos. La memoria correspondiente al ejercicio de 1921-1922 puede resultar una buena atalaya desde la que reposar la mirada. Comienza la misma haciendo historia y exponiendo de forma resumida los principales trabajos acometidos en el puerto desde el comienzo de las obras en el mismo, reseñando el papel impulsor de sus ingenieros directores (Fernando García Arenal, Vicente Regueral, Manuel Sanz Garrido, Manuel Corsini, etcétera). Así, se relata cómo evolucionó el viejo puerto local desde que los Reyes Católicos aprobaron, en 1480, la construcción del un cay o muelle de mar al oeste de Santa Catalina y cómo se formó la dársena primitiva, en 1522, con la construcción del contracay o muelle de tierra. También los problemas a los que se vio sometido por las intrigas y competencias con otros puertos de la costa asturiana a lo largo de los siglos XVII y XVIII, hasta que la llegada del carbón, primero por la carretera Carbonera y después por el ferrocarril de Langreo, demostró la idoneidad de Gijón y la necesidad de ampliar y reformar las instalaciones de los muelles locales. Tiempo después surgió la dicotomía entre la ampliación de los muelles carboneros o la creación de un nuevo puerto comercial y de refugio al abrigo del cabo de Torres, desatándose una verdadera guerra de pasiones e intereses entre los apagadoristas y muselistas, decantada, como es sabido, por el bando de los defensores del nuevo puerto de refugio en El Musel.



La base de este proyecto redactado por el ingeniero Francisco Lafarga (1891), era la construcción de un dique norte de abrigo y de un muelle de ribera, proyecto reformado con posterioridad por Alejandro Olano (ingeniero de la empresa contratista de las obras), y modificado en dos ocasiones durante su ejecución para adaptarlo a las necesidades del tráfico existente. Desde este punto, la memoria se extiende en describir las vicisitudes constructivas del dique Norte hasta el definitivo proyecto de Prolongación del Dique y Morro redactado por el ingeniero José Rodríguez de Rivera y aprobado por Real Orden en 1922 (si bien las obras no comenzaron hasta 1926 dándose por terminadas en 1929). También repasa la memoria el rosario de averías que afectaron al dique Norte desde que comenzó a construirse en 1893, en su mayor parte debidas a las galernas invernales, como la acaecida el 17 de diciembre de 1916 que provocó que numerosos barcos se desamarraran y sufrieran graves daños por el impacto de unos contra otros, hasta el punto de que el vapor Elvira, que perdió el ancla, tuvo que ser derivado al pedrero de Jove y abandonado por su tripulación. El temporal derribó también la grúa pórtico Titán y causó numerosos desperfectos en las infraestructuras portuarias.



El puerto de El Musel, como al hijo al que a fuerza de estirones siempre le queda la ropa pequeña, está en constante proceso de renovación y presto para ampliar sus costuras, por ello, la parte principal y más prolija de la memoria se dedica a explicar el plan de ampliación del puerto que se pretendía abordar, y que en esencia se sustanciaba en la prolongación del dique Norte en 210 metros, la construcción de un dique rompeolas aislado de 850 metros que proporcionaría un antepuerto y la construcción de un dique Sur en dirección normal al dique norte para aumentar la superficie abrigada. También se desglosan las actuaciones previstas en el Espigón I y los Muelles de Ribera y la Estación Marítima, las reformas previstas en la zona de servicios, el denominado plan de vías férreas y los medios de carga existentes (y su estado), entre otras cuestiones. El estado y progreso de las obras en el puerto de El Musel se acompaña de una colección de cartografía impresa muy interesante, entre la que destacan el plano del Proyecto de ensanche y mejora del puerto de comercio de Gijón, de Antonio de Mesa (1856), y los planos de los proyectos de Lafarga (1891), Alejandro Olano (1903), José Rodríguez de Rivera y Manuel Becerra (1922) y un Plano hidrográfico y topográfico de la costa entre los cabos de Torres y San Lorenzo fechado en 1922, que incluye las obras de ampliación proyectadas en el puerto de El Musel.

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