entre anaqueles

Las fábricas de municiones asturianas

 
Las fábricas de municiones asturianas
Las fábricas de municiones asturianas  
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POR: JAVIER GRANDA Que el autor del libro que reseñamos, Luis Adaro Ruiz Falcó (Gijón 1914-2006), fue una persona extraordinaria está fuera de toda duda. Empresario modelo, hombre culto y sensible y siempre preocupado por las cuestiones sociales, historiador infatigable, investigador de todo lo relacionado con la historia industrial de Asturias, jovellanista convencido, impulsor del desarrollo portuario, etcétera. En Gijón es especialmente recordado por su papel como promotor de la Feria Internacional de Muestras de Asturias y de otras iniciativas de gran trascendencia como creación de la Empresa Municipal de Aguas, la Hemeroteca o el Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias. Luis Adaro fue académico de número de la Real Academia de Doctores de Madrid y del Real Instituto de Estudios Asturianos, además de académico correspondiente de la Real Academia de la Historia de España, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid y de la Comisión Internacional de la Historia de la Geología. A pesar de esta abrumadora retahíla de competencias, a la que hay que sumar más de una treintena de publicaciones, Luis Adaro siempre tuvo tiempo para recibir a otros investigadores y guiar sus pasos hacia nuevos caminos «verdaderamente me he dado cuenta de que nuestros archivos son excelentes, y que con constancia se puede encontrar en ellos casi toda la historia de España».



En 1986, Luis Adaro dio a la imprenta un interesante estudio acerca de los orígenes de las fábricas de armas de Trubia y de Oviedo, fruto de un laborioso trabajo de investigación en el cual estuvo embarcado durante años. En el premio, el autor relata las vicisitudes del mismo, sus visitas infructuosas a los archivos de la fábrica de Trubia, Alvaro de Bazán de la Marina de Guerra (en sus instalaciones del Museo Naval en Madrid y del Viso del Marqué, en Ciudad Real), Archivo Histórico Nacional, hasta que el azar le condujo hasta el Archivo General de Simancas, en el que encontró el grueso de la documentación que buscaba. Para hacerse una idea de la paciente labor del investigador baste señalar que Adaro, en dos campañas, estudió 52 legajos de los que extrajo unos 5.700 folios que fueron fotocopiados, entre ellos, numerosos planos inéditos de balsas, puentes, cañones, fusiles y edificios. En el libro el autor va desgranando la historia de las fábricas de armas asturianas apoyándose en los distintos documentos estudiados. Parece ser que la guerra entre España y Francia de los años 1794 y 1795 fue decisiva en este sentido, pues las industrias que abastecían a las tropas nacionales estaban radicadas principalmente en el noreste de la Península (Navarra, País Vasco y Cataluña), cerca de la frontera francesa, y por tanto susceptibles de ser ocupadas por el enemigo. Revisando los acuerdos del Consejo de Estado, encontró la orden dada por el Ministerio de Guerra al ingeniero jefe de la Marina Fernando Casado de Torres para desplazarse a Asturias y a las montañas de Santander, donde localizar un emplazamiento apropiado para el establecimiento de una fábrica de municiones. Relata cómo el ingeniero de la Marina informó, en 1794, favorablemente acerca de un lugar en Udrión, donde se juntan los ríos Trubia y Nalón. La abundancia de agua, de yacimientos de hierro en las cercanías, la cercanía de las cuencas carboníferas, los frondosos bosques de buenas maderas, y la disponibilidad de mano de obra, eran algunas de las razones expuestas por Casado de Torres para justificar el emplazamiento elegido. Unas páginas más delante, el autor da cuenta de cómo se acordó, en septiembre de 1794, crear también una fábrica de fusiles en Oviedo, las providencias necesarias para materializar dicho establecimiento, y los problemas que planteaba. A partir de este punto, se presenta documentación varia sobre los progresos en la construcción de los establecimientos armeros de Trubia y Oviedo. Entre los aciertos de la publicación, cuya lectura resulta un poco farragosa por no estructurarse en capítulos e hilarse a través de los propios documentos, está el interés del autor por mantener las referencias documentales, lo que facilita su localización en los distintos archivos. Otro de los aspectos más relevantes del libro fue el incluir algunas de las planimetrías originales de los proyectos (con su correspondiente signatura) y completar esa información gráfica con la inclusión de 14 láminas tomadas del Tratado de Artillería (1803) que se enseñaba en el Real Colegio Militar de Segovia, y que se corresponden con las instalaciones, máquinas y productos que podían fabricar en las factorías de Trubia y de Oviedo.

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