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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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POR: LADISLAO DE ARRIBA Esta sección no es, aunque tenga resonancias mercantiles, más que una galería abocetada de amigos muy queridos. Todos se merecen mi gratitud y ésta es ocasión de proclamarlo. Les debo mucho. Desde un razonable consejo a un emocionado abrazo, una amable palabra o un excesivo silencio, una crítica sincera o un halagador piropo, un alentador «sigue así» o un prudente «déjalo ya», una copa a deshora o un oportuno y reconfortable café. En algunos casos esta deuda viene de tiempos pasados, en época de vacas flacas o quebrantada salud, de alegría desbordada o de soledad compartida, noches de vino y rosas o temores e insomnios hospitalarios. Algunos, tal vez demasiados, ya no están entre nosotros, a otros ni siquiera los llegué a conocer personalmente, pero sí leí su obra y alguien me contó su vida.
No tuve la fortuna de conocer personalmente a Luis Fernández Valdés «Ludi». Pero lo he leído y como muchos gijoneses, recuerdo estrofas completas de su obra poética.
«Ludi» fue con Adeflor, Manolo Llaneza, Arturo Arias y Dioni Viña, arquetipo del gijonés coñón. El coñón es un personaje que aparece, cada vez menos frecuentemente, en la vida gijonesa y que posee características muy definidas. Nada tiene que ver con el «célebre» o el «perreru», el «simpáticu» o el «gracioso» de los andaluces. El coñón por definición, «Ludi» especialmente, está dentro de la escuela filosófica afín a aquel «Séneca» de José María Pemán, pero con dominio de la métrica (y también del ripio) que le hace parecerse a don Pedro Muñoz Seca, coetáneo suyo que también murió asesinado en aquella guerra que muchos de nosotros vivimos en la adolescencia. «Ludi» vivió en el entronque del útero gijonés con Bajovilla, entre Contracay y la plaza del Ayuntamiento y eso imprime carácter. Fue culto, viajero y económicamente bien situado en aquel negocio familiar de gran prestigio en los albores del siglo XX: El San Luis. «Ludi» fue un playu con lecturas y con facilidad para los idiomas. Y sus dotes de observación le permitieron reflejar sin bellaquería a la sociedad de su tiempo. Fue hombre elegante, «curiosu y rescamplau» y alguien dijo de él que las mujeres no eran su debilidad, sino su especialidad. Pasó dos años en París estudiando la moda y las nuevas técnicas publicitarias. De ahí sus anuncios en la naciente radio emisora Gijón, EAJ-34. «Athos, Portos y Aramis se visten en El San Luis».
O el disco entre los cantables de moda:
«Toda mujer elegante
que baile bien el danzón
tiene que comprar la ropa
en El San Luis de Gijón».
La moda entonces la dictaba París, que rima con San Luis. Fue un poeta festivo, un gijonés con luces, tocado por la gracia de unos ángeles playos, amigos del Nordeste, del yodo y del salitre. «Ludi» está en la médula de la gijoneidad y su «Kilo de versos» fue un libro de cabecera en nuestra adolescencia.
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