Universitarios en órbita

Los alumnos de Telecomunicación que participan en la construcción de un satélite lunar para la Agencia Espacial Europea explican las dificultades del proyecto

 
marcos león
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C. JIMÉNEZ



El gran bagaje formativo de los ingenieros del campus de Gijón en cuestiones aeoespaciales ha permitido a una veintena de estudiantes de telecomunicación e industriales pasar a formar parte de la primera misión estudiantil en volar a la luna y orbitar sobre ella. El proyecto ESMO (European Student Moon Orbiter) promovido por la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene como objetivo el diseño de un satélite lunar que se lanzará al espacio en el año 2013. Más de 300 estudiantes de casi 30 universidades de 12 países europeos son los protagonistas de esta iniciativa.



La Universidad de Oviedo ha asumido el desarrollo del sistema de cableado del satélite, uno de los 20 subsistemas en que la ESA ha dividido el proyecto. El equipo, con una estructura piramidal, está liderado por cinco alumnos de doctorado (Diego González Lamar, Manuel Arias Pérez de Azpeitia, Miguel Rodríguez González, Alberto Rodríguez Alonso y Pablo Fernández Miaja), apoyados por tres proyectantes (Alberto Secades, Alberto Enrique Pérez y Patricia Fernández), los profesores Marta María Hernando y Arturo Fernández -actualmente realizando un proyecto en la Agencia Espacial Europea- y otros quince estudiantes de ingeniería con diferentes edades, conocimientos y habilidades. El catedrático y miembro del Grupo de Sistemas Electrónicos de Alimentación (SEA), Javier Sebastián, ejerce la labor de apoyo docente dentro de esta novedosa estrategia de aprendizaje colaborativo.



Los socios gijoneses del proyecto ESMO hablan de las dificultades que se han encontrado en el camino y también del reto ilusionante que supone para todos ellos participar en una iniciativa de estas características. Alberto Secades opina que se está generando una cantera de jóvenes valores en el ámbito de la ingeniería de telecomunicación gracias a este proyecto. «La ventaja de ser un idea desarrollada por estudiantes es que estamos muy abiertos a la innovación», añade Manuel Arias. El trabajo de este equipo experimental de aprendizaje colaborativo está financiado por la Universidad de Oviedo dentro del programa de proyectos de innovación docente.



La principal dificultad reside en los condicionantes marcados por la ESA para iniciar la construcción del satélite lunar. El peso total está muy limitado por el coste final, el espacio para el montaje de todos los susbsistemas es reducido (existen muchas líneas de comunicación en un espacio muy pequeño) y cualquier decisión está supeditada a cambios en otros subsistemas. «El reto es que nos permiten poner en órbita algo que no se ha probado antes», apunta Alberto Rodríguez.



En la última reunión celebrada en la sede holandesa de la Agencia Espacial Europea, uno de los miembros del grupo, Alberto Secades, tuvo oportunidad de comprobar cómo estaban evolucionando los trabajos del resto de equipos europeos. «Son reuniones muy provechosas. Se ha superado la primera fase crítica. Ahora la ESA contratará la gestión del satélite a una empresa que se encargará de realizar el seguimiento posterior», explica el alumno.



Su metodología de trabajo desde el campus gijonés es semejante a la que se propugna dentro del Espacio Europeo de la Educación Superior: se puede comparar con una barca de remos que sólo avanza si todos reman, de manera que el ritmo queda marcado por los propios estudiantes.



Para hacer más sencilla la colaboración e interacción de todos los miembros del equipo se han desarrollado toda la una serie de herramientas que contemplan reuniones quincenales para informar de los avances registrados a todos los miembros del grupo que, a su vez, pueden plantear sus dudas o exponer opiniones y sugerencias a través de un grupo de «Google» al que se suma una página web de actualización mensual para que otros estudiantes puedan conocer el proyecto y llegar a integrarse en él.



La representación española se completa con un equipo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronaúticos de la Universidad Politécnica de Madrid. El diseño del satélite comenzó en 2007 y ahora mismo se encuentra en la fase B, la segunda de cuatro fases en total. El objetivo de este proyecto es lanzar al espacio la primera nave lunar diseñada, construida y operada por estudiantes europeos, para colocarla en una órbita lunar y adquirir así imágenes de la luna y enviarlas a la tierra. En una última fase se prevé depositar un nanosatélite en una órbita adecuada para que éste realice un mapa lunar gravitatorio.



El profesor Javier Sebastián celebra que se pongan en marcha iniciativas de este tipo para fomentar el contacto entre universidades en el contexto aeroespacial. En Gijón destacan por su experiencia en electrónica analógica.



«La tecnología que se usa en el proyecto no se estudia hoy. Se trata de circuitos integrados con chips muy antiguos, por lo que tienen que diseñar con criterios antiguos a los que nuestros alumnos no están acostumbrados», explica el profesor Sebastián.



Prueba de la complejidad del proyecto es que están obligados a emplear un ordenador de hace diez años para soportar toda la carga que contempla el desarrollo del cableado del satélite. Ahora preparan una maqueta para probar que el sistema funciona. Todo debe estar muy testado. «Allí arriba nadie puede subir a reparar nada», advierten los estudiantes.

Los protagonistas



Más de 300 estudiantes de casi 30 universidades de 12 países europeos son los protagonistas del proyecto ESMO. La representación española incluye a una veintena de estudiantes del Telecomunicación del campus gijonés y un grupo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronaúticos de la Politécnica de Madrid.



El proyecto



La Agencia Espacial Europea plantea a los universitarios el diseño de un satélite lunar que se lanzará en 2013. El proyecto se ha dividido en 20 subsistemas. La Universidad de Oviedo asume el diseño del cableado del satélite.



Condicionantes



Los estudiantes están condicionados por el peso total del satélite, el espacio para el montaje de los subsistemas y los costes.



Fases



El proyecto se encuentra actualmente en la fase B, la segunda de cuatro, y los estudiantes gijoneses dan por superada la primera «fase crítica». En el campus de Viesques construirán próximamente una maqueta del sistema de cableado.

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