POR: ROMÁN GARCÍA CRISTINA BÁRCENA
Belén Simón Castiñeiras tuvo unos comienzos difíciles en su profesión. «Yo no tenía a nadie que me aconsejara, nadie en mi familia era abogado, por lo que tuve que ir ganándome mis clientes poco a poco y con trabajo diario». A día de hoy, Belén Simón tiene ya su propio despacho en el que lleva trabajando desde que se colegió, hace ya 14 años. Gracias a su labor se ha ganado una amplia cartera de clientes y un prestigio entre los compañeros.
-¿En qué punto se sitúa la pelea por la dignificación del turno de oficio?
-La lucha por el aumento de las retribuciones se ha relajado un poco. A pesar de todo, la contienda que estamos llevando a cabo por la mejora del turno continúa siendo necesaria. Hay muchos fallos que hay que corregir. La asistencia gratuita a los detenidos tiene que contar con la implicación de todos para su buen funcionamiento, por lo que, por ejemplo, hay que tener contentos a los abogados que trabajan en este servicio. La discusión no se sitúa sólo en los temas relacionados con el nivel de las retribuciones. Lo que queremos es que se nos pague todo lo que hacemos. Nos deberían pagar más por las actuaciones que por los casos. En algunos procedimientos haces trámites que no te pagan. Los políticos tienen que tomar conciencia de que todos los procedimientos no son iguales. El congreso del turno de oficio que se ha celebrado este fin de semana ha sido positivo en este sentido porque nos ha hecho reflexionar a todos.
-¿Sigue valiendo el modelo colegial de los abogados?
-El Colegio de Abogados es necesario para todos porque nos sirve como un nexo de unión entre profesionales y porque nos da un apoyo constante. Tampoco tengo ninguna queja con respecto a las tarifas que se han establecido porque las veo reflejadas en los servicios que se me prestan. En el caso de que no existiese el ente colegial estaríamos muy desorganizados, lo que supondría un paso atrás muy importante.
-Los ciudadanos pueden usar también el colegio para expresar quejas sobre el trabajo de los abogados. ¿Se hace habitualmente?
-Los ciudadanos no expresan demasiadas quejas en relación al trabajo que hacemos los abogados. Las principales protestas que elevan al colegio tienen relación con los honorarios. Muchos no entienden que somos una profesión con tarifas libres. Cada uno puede cobrar lo que quiera. Personalmente, creo que el error también puede ser nuestro por falta de información. Para que no haya malos entendidos yo le digo siempre al cliente, antes de empezar a trabajar, la aproximación de mis honorarios y de los del procurador.
-¿Qué información se recoge entonces en el libro de honorarios del colegio?
-En el libro de honorarios del Colegio de Abogados de Gijón se recoge todo lo que tenga que ver con las costas judiciales. Si un ciudadano resulta condenado a pagar las costas de la parte contraria, entonces tiene que mirar el libro que figura en el colegio y que le indica las tarifas a aplicar de referencia en cada caso.
-¿Qué opinión le merecen los denominados «jueces estrella»?
-No hay que fijarse tanto en el juez como en el lugar en el que trabaja. En muchas ocasiones su figura no destaca, pero los temas que se ve obligado a tocar son mediáticos, por lo que el magistrado acaba siendo famoso. Me imagino que para esos profesionales de la judicatura es muy difícil abstraerse de todo lo que tienen a su alrededor y de todas las presiones que conlleva la realización de su trabajo. Por eso los admiro, porque son capaces de abstraerse de políticos y de los medios de comunicación, que siempre hablan de ellos.
-¿Influye demasiado la política en la justicia y en la legislación?
-En la justicia, si hablamos de ella a nivel del trabajo diario que desarrollan Juzgados como el de Gijón, la política no influye para nada. En la legislación sí que influye, y mucho además, porque algunas regulaciones están encaminadas a satisfacer al electorado de cada partido. Una de las leyes más mediáticas fue la que luchaba contra la violencia de género. La regulación fue buena, pero no se dotó de medios, por lo que todo aquello que dijeron los políticos en su día no sirvió para nada. Los Juzgados no están preparados para llevar estos temas, sobre todo en ciudades de tamaño medio como Gijón.
-¿La llegada de la inmigración ha afectado mucho al cambio del modelo de delincuente que conocíamos?
-La inmigración y la llegada de gente de fuera a nuestra ciudad ha cambiado mucho el tipo de delincuencia que conocíamos hasta hace pocos años. La mayor parte de las peleas, por ejemplo, se produce entre ciudadanos que vienen de países del este de Europa. De la misma manera, los sudamericanos son protagonistas a día de hoy de un tanto por ciento muy alto de los temas relacionados con los malos tratos que sufren las mujeres. Los latinos tienen otra concepción de sus parejas y de los derechos que tienen sobre ellas, por lo que son protagonistas de muchos casos de agresiones. Pero no todo es negativo. Los senegaleses, por ejemplo, son personas muy educadas que no dejan de trabajar. Este tipo de inmigrantes aguantaba antes muchas denuncias por la violación de la propiedad intelectual -venta de los CD piratas-, pero estos casos penales se están relajando en los últimos años. Ya no hay tantas denuncias.
-¿Se necesita más mano dura en los temas penales?
-Creo que el sistema no está preparado para combatir a ciertas personas que padecen enfermedades mentales. Pero eso hay que arreglarlo en la base. Antes de la intervención judicial que se lleva a cabo cuando el enfermo ha cometido un delito no existe ningún control sobre estas personas. Los servicios de salud mental tienen que saber los síntomas que tiene cada enfermo y tienen que poder reportar informes sobre los pacientes a las autoridades competentes en el asunto. Pero a día de hoy, aunque se den cuenta de la peligrosidad de alguien, los médicos no tienen ningún sistema de alerta previa sobre esos sujetos. Lo único que pueden hacer es recetar una medicación y ni siquiera controlar que el paciente se la tome. Una vez que se produce el delito y se aplican las penas, ya es demasiado tarde.
-¿Y respecto a los menores?
-Los menores que se reúnen en parques públicos como los que fueron detenidos hace algunos días no pueden ser controlados tampoco por sus familias, que en ocasiones se ven desbordadas. Por lo que aquí encontramos un nuevo problema. Sólo se les investiga cuando ya es demasiado tarde y ya han cometido un delito. Muchas veces cuando estoy de guardia en la Comisaría me encuentro con menores delincuentes que ya han pasado en numerosas ocasiones por las dependencias policiales. Ellos mismos saben que no los pueden detener y que en pocas horas van a estar en la calle. Esos niños luego no son recuperables.
Belén Simón Castiñeiras es abogada. Se colegió en el año 1994 y desde entonces ha ejercido desde su despacho, en donde lleva temas relacionados con las ramas civil y penal del Derecho. Empezó en el Derecho «de cero», sin nadie en su familia que fuera abogado. Belén Simón cursó tres años de pasantía y de Escuela de Práctica Jurídica. En ese momento tuvo la «suerte» de trabajar en un despacho en el que «se tocaban todas las ramas del Derecho». «Eso me dio mucha experiencia», asegura la letrada.