POR: LADISLAO DE ARRIBA
Esta sección no es, aunque tenga resonancias mercantiles, más que una galería abocetada de amigos muy queridos. Todos se merecen mi gratitud y ésta es ocasión de proclamarlo. Les debo mucho. Desde un razonable consejo a un emocionado abrazo, una amable palabra o un excesivo silencio, una crítica sincera o un halagador piropo, un alentador «sigue así» o un prudente «déjalo ya», una copa a deshora o un oportuno y reconfortable café. En algunos casos esta deuda viene de tiempos pasados, en época de vacas flacas o quebrantada salud, de alegría desbordada o de soledad compartida, noches de vino y rosas o temores e insomnios hospitalarios. Algunos, tal vez demasiados, ya no están entre nosotros, a otros ni siquiera los llegué a conocer personalmente, pero sí leí su obra y alguien me contó su vida.
Fue Orueta empresario establecido en El Llano de Arriba, (donde daba la vuelta el tranvía) y su muerte acaeció trágicamente en la costa occidental de Villaviciosa (entre Oles y Tazones) protagonizando un heroico acto de solidaridad. Se arrojó al mar para salvar la vida de un empleado suyo y de un hijo de éste, a los que una ola arrastró desde el acantilado. Los tres pescadores murieron ahogados. Este suceso conmovió al todo Gijón de 1926 y por ello los Ateneos Obreros de El Llano y de La Calzada promovieron un solemne acto, inaugurando un monumento escultórico del artista Emiliano Barral, prometedora figura que murió a los 40 años en la guerra formando parte del ejército republicano. El monumento estaba ubicado entre tamarindos (el árbol costero por excelencia) en el Jardín que existió tras las casas conocidas como de Veranda (en las que había un cabaret, el Ateneo Obrero y el domicilio de Melquíades Álvarez). El monumento era digno de conservar, tanto por lo que representa como por su valor artístico, y aún se conserva en la frondosidad del parque de Isabel La Católica.
Actos de civismo como el de Manuel Orueta no suelen darse frecuentemente. Aún está reciente otro de iguales características protagonizado por el portero del Sporting Jesús Castro, hermano de Quini, al que admiramos en vida como deportista y en su muerte como héroe civil.
Alguno más habrá acaecido desde casi un siglo. Recuerdo estos dos por la popularidad de sus protagonistas. No creo que se prodiguen los héroes en este Gijón actual. Razón de más para que los tengamos presentes en nuestra memoria. Que así sea.