LA LIGA

Un ciclista que vuelve a brillar

Ángel Castro, una promesa del ciclismo nacional que dejó el deporte para abrir un negocio en La Calzada, retoma con éxito su afición por la bici

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Por la izquierda, Pablo Turrado y Ángel Castro, en uno de sus entrenamientos durante la semana.
Por la izquierda, Pablo Turrado y Ángel Castro, en uno de sus entrenamientos durante la semana. Ángel González
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ÁNGEL CABRANES «El ciclismo crea nobleza, te pone los pies en el suelo y fomenta el espíritu de superación». Ángel Castro resume con esta frase el deporte que ha marcado su vida. Este vallisoletano de 27 años fue Campeón de España en categoría cadete y juvenil. Tras dos años en el filial del equipo Once decidió colgar la bici. Lo hizo en Gijón, donde se había traslado en compañía de su novia para preparar los entrenamientos de montaña que le ayudaran a alcanzar la cima del profesionalismo. Un tanto desengañado, supo emprender una nueva carrera en su vida. Hoy es dueño de un negocio de cristalería en La Calzada y busca repetir éxito en el próximo nacional. Será en categoría de veteranos, donde espera volver a ser el ciclista «todoterreno», como él mismo se define, que triunfó en la base.

Ángel García de Castro o Ángel Castro, como es conocido deportivamente, nació en Medina de Rioseco (Valladolid). Fue allí donde dio las primeras pedaladas que le llevaron al éxito. «Empecé con 12 años, en el Ciclorioseco. De allí fiché por el Parqueolid, donde continué con mi progresión. Estuve en la selección española desde los 14 años hasta que lo dejé y fui campeón de España en 1999 y en el 2000», recuerda el protagonista.

Eran tiempos en los que su padre, Ángel García, dirigía el equipo. Él le guió hasta que un grande tocó a su puerta. «Recién cumplida la mayoría de edad fiché por el filial de la Once, cuyo director era Manolo Saiz. No le guardo un gran recuerdo, porque creo que mucho de no estar en la élite fue por hacerle caso», lamenta Ángel Castro. Sincero, el castellanoleonés añade otra de las causas: «En mi pueblo había un viejo que andaba en bici y me decía: "Lo poco gusta y lo mucho cansa". Ésa pudo ser otras de las razones. En amateur estabas corriendo con gente que bajaba de profesionales, tenías que disputarles las carreras siendo un crío. Hacías etapas de 180 kilómetros, 7 días. Por mucha clase que tengas?Es duro»

Aún así, no se arrepiente de las decisiones tomadas: «En juveniles estuve cerca de fichar como profesional con Vitalicio. El día que lo iba a firmar fue el mismo que se decidió que no se crearía hasta el año siguiente. El que insistió y tuvo ciertos padrinos logró pasar al profesionalismo, los demás estamos todos trabajando». Para él, retirarse, no fue tan sencillo: «Mi familia lo entendió en parte. Lo pasamos muy mal todos. Es un sueño que tenía desde pequeño y que al final se esfumó. Por diferentes motivos, pero fue así».

Tras colgar la bici, Ángel Castro emprendió un nuevo camino: «Abrí el periódico y vi una oferta de trabajo en una cristalería. Me lancé. Era algo nuevo para mi, pero los compañeros me explicaron la metodología. Afortunadamente me adapté rápido». Tan veloz como en las escapadas que protagonizó en el pelotón. Hace dos años montó su propio negocio en La Calzada. «No soy millonario, como algunos ciclistas profesionales, pero da para vivir. La felicidad no la da el dinero», subraya orgulloso.

Sus amigos gijoneses le convencieron para volver a competir con el Mateosan, un equipo de veteranos y ciclodeportistas. «Llevo unos años con ellos, pero esta temporada me la he tomado en serio. Gané el campeonato de Asturias y la última semana de junio intentaré vencer en el nacional», explica Castro mientras en sus ojos se reaviva la ilusión.

«Contador, Luis León y Purito Rodríguez, esta gente que ahora está arrasando, fueron compañeros míos en el filial de la Once. Valverde era del Kelme, pero también le dábamos caña», rememora Ángel Castro. En su mente permanecen imborrables los recuerdos junto a muchos de los que hoy disputan las pruebas ciclistas más importantes del calendario mundial.

«Guardo con todos una gran relación. Me gusta encender el televisor y verlos en las primeras posiciones. Pero que nadie se engañe, porque estar ahí es mucho más duro que lo que se ve sentado en el sofá de casa», destaca Castro.

De muchos de ellos el vallisoletano puede decir orgulloso que les hizo morder el polvo: «Cuando logré el Campeonato de España en 1999, Luis León fue segundo. También recuerdo los tres años de triunfos con Alberto Contador, juntos compartíamos habitación».

De todas formas, Ángel Castro, que vivió en primera persona los comienzos de todos ellos, matiza: «Hay otros muchos ciclistas que hemos sido tan buenos como ellos o más en categorías inferiores. Ahora, somos mileuristas, pero estamos tan contentos».

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