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JOSÉ A. SAMANIEGO Son doce los pintores al pastel que exponen sus obras en Muralla Romana. ASPAS es el acrónimo de la Asociación de pintores pastelistas españoles. Casi todos asturianos, porque aquí se fundó la asociación. Por orden alfabético son: Agüeiro, Belén Ballesteros, Rafael Cabo, Juan Alfonso Carballo, Pedro Durand. Lucía Espina, Amparo Fernández García, María Ana Granda, Sara Iglesias, Primitiva Prieto, Ana María Purón y José del Riego. Ana María Purón es sobrina de José Purón Sotres, pintor asturiano. José del Riego, miembro fundador y presidente de ASPAS. Juan Alfonso Carballo es también socio fundador. Hace unos meses se presentaron en sociedad al modo internacional, con una muestra en las arcadas del antiguo depósito de aguas de Oviedo, hoy integrado en el Auditorio Príncipe Felipe.
Los pastelistas defienden el pastel como herramienta pictórica. El pastel es pigmento seco, sin aditivos, sin aceites, sometido a la acción de la luz, como todos los pigmentos, pero resistente como el que más a las humedades y al deterioro de procesos químicos que no sufre. Y el pastel es pigmento puro y duro, y por tanto, color vivo y luciente. La mayoría de estos pastelistas pintan sobre papel Canson, porque tiene cierta rugosidad que permite la adherencia del pastel. En otras ocasiones prueban a pintar sobre tablas o cartones, pero siempre con una especial preparación.
En esta muestra de la Muralla Romana podemos ver ejemplares muy interesantes de esta técnica pictórica. Ahí están los reflejos casi sobrenaturales del atardecer sobre Gijón, que pinta Juan Alfonso de Carballo. O el bosque de troncos y hierbas de José del Riego, ducho en el manejo de la luz, la diagonal de los árboles en profundidad, el juego de luces y sombras. Las posibilidades del pastel para el bodegón son exploradas con éxito por María Ana Granda, Primitiva Prieto, Agüeiro y Pedro Durand. En estas obras se aprecian materiales que empujan al tacto, como frutas, hierros, barros, maderas, cerámicas y flores. Composiciones estudiadas, de punto de vista moderno. Reflejos en cristales y ventanas. En fin, la esencia del bodegón clásico traducida al pastel.
«Anarquía y disturbios». Tal vez el título se concreta en una serie fotográfica realizada por Kähne en colaboración con Andrei Loginov. El escenario traumático se articula en torno a un coche ardiendo. Vemos gentes que corren, se pelean y luchan. Lo políticamente correcto está muy cuidado. Hay batalla campal entre mujeres, que eso no es violencia de género, según sabemos por recientes sentencias judiciales. Algo nos sorprende en esas fotografías y poco a poco vamos comprendiendo. Se trata de la propia incongruencia de la escena. Mujeres que corren sobre altos tacones de alfiler, embutidas en falda de tubo. Hombres con trajes impecables manejan bates de béisbol como gladiadores. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Extrañas posturas para movimientos corporales imposibles. Como fotografía fija parece un reportaje verídico, pero lo aparatoso y cuidado de las escenas simula un rodaje con actores experimentados. Accidente de pacotilla para ser contado a los amigos tomando vinos.
Tal es la crítica de Kähne a la sociedad de consumo. El hombre posmoderno que no pueda sobresalir utilizando marcas exclusivas, recurre a la provocación y el escándalo como forma de identidad. Porque la identidad, como tenemos bien aprendido en la España posmoderna de los nacionalismos periféricos, no es el derecho a la diferencia, sino proclamación de superioridad. (Así es el fútbol, otro ámbito identitario de masas. Somos los mejores.) Presentada en caja de metracrilato, la corbata exquisita de Hugo Boss luce un prendedor de metal cutre, con un mensaje: «Fuck you».
Las de Kähne son piezas de impecable diseño. Parecen seriadas e industriales, pero cada una está concebida y ejecutada en el límite de los procesos artesanos. La estética de las naves espaciales ha invadido ya nuestros hogares. Por eso Kähne puede presentar una colección de tapones de baño en cajas sofisticadas. O la preciosa bandeja de laca oval que contiene unas esposas, juguete erótico de moda para el fin de semana. El envoltorio para rueda BMW es una crítica feroz del diseño publicitario de automóviles. Podemos recordar otras obras de Kähne, como la maleta urinario o la máquina para embutir salchichas. En esta última, la máxima precisión de la alta tecnología está al servicio de un objeto orgánico que admite todo tipo de imperfecciones: la salchicha. Si el diseño es arte útil, ¿por qué no hacer un tapón de baño de diseño? Pero una vez convertido en arte, el tapón deja de ser útil, adorna una vitrina o una pared, ya no es un tapón de baño.
Hasta dónde llega lo útil, por qué el objeto único cae en la trampa del lujo desmedido o del absurdo meticulosamente diseñado, cómo es posible que aventuras tan complejas y tan caras como la liga de fútbol terminen en celebraciones caóticas y puramente destructivas. Lo mismo sucede en otros territorios, como el lenguaje, donde la publicidad se convierte en portadora de derechos. Te mereces este premio, te mereces esta radio, te mereces este viaje. Tienes derecho a ver, tienes derecho a verte y a ser vista, tienes derecho a esta óptica?
Es la segunda vez que Ricardo Puertas expone en la galería Pablo's de Gijón, donde se presentó hace dos años. Madrileño y autodidacta, este pintor ha entrado con fuerza en los certámenes y concursos de pintura de Madrid y alrededores, a partir del año 2000. Seleccionado en el Certamen de San Isidro(2005) y el Salón de Otoño de Madrid (2007), su obra ha sido apreciada en Azuqueca de Henares, Arganzuela, Colmenar de Oreja, Valdepeñas, valle de Ricote (Murica). Alguna experiencia tiene también de presencia en París y Nueva York.
Son 29 obras de tamaño intermedio (50x70 cm., 60x90 cm. para hacerse una idea), con paisajes de Madrid y Asturias. Le gusta Madrid, las construcciones cambiantes, los edificios de la última generación y sus espacios, creadores de nuevos estilos de vida en la parte norte de la capital, por encima de la Plaza de Castilla y en contacto con las vías de la Estación de Chamartín. Se nota cómo le entusiasma viajar por Asturias, llegar de la meseta y encontrarse con el verde, Pajares abajo. El verde y la lluvia y la bruma, la montaña que cierra el horizonte, la luz filtrada y difusa, que adquiere color ambiental e indefinido, cuando flota entre valles y caseríos. Las autopistas son a veces aburridas, suelen decir los conductores avezados a curvas y palancas de cambio, pero en Asturias el viaje siempre es ameno y divertido. Así lo siente y transmite el pintor Ricardo puertas.
Normalmente, Ricardo Puertas pinta sobre tabla y pocas veces cambia al más tradicional soporte de lienzo. Tal vez la razón estriba en la búsqueda de las texturas, en la necesidad de apretar espátulas y otros instrumentos contra la solidez de la madera, para conseguir estratos más definidos, efectos rotundos al tacto y a la vista, que compensan las atmósferas tenues del pintor.
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