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Langreo, P. CASTAÑO
En Tarifa, la localidad gaditana azotada por los vientos del Estrecho, se construyó el primer parque eólico experimental de España. Allí arrancó el desarrollo de esta energía renovable en el país y parte de los componentes de aquellos primeros molinos fueron construidos en Langreo, en un taller familiar que hasta ese momento había vivido de los encargos de las grades empresas asturianas (Hunosa, Ensidesa...) y que hace casi dos décadas se agarró al negocio del viento para sobrevivir al huracán de la crisis de la minería y la siderurgia. La empresa se llama Talleres Jesús Álvarez y la Sociedad para el Desarrollo de las Comarcas Mineras (Sodeco) le entregará mañana el premio al impulso industrial de las Cuencas.
Talleres Jesús Álvarez es hoy uno de los principales productores nacionales de componentes eólicos y trabaja para los grandes fabricantes de aerogeneradores. En las instalaciones de la empresa en la Ciudad Tecnológica de Valnalón se fabrican ejes, rotores, bastidores, soportes, acoplamientos... para los molinos de viento que se expanden por todo el mundo. La sociedad tiene oficinas comerciales en países de Europa, América, Asia y África y planes para seguir creciendo tanto en el sector de los componentes eólicos como en el de la fabricación de válvulas industriales bajo la marca Fevisa.
«La empresa tiene más de 50 años de antigüedad, pero seguimos con la ilusión del emprendedor que empieza de cero», señalan los hermanos Juan Jesús y Loli Álvarez, segunda generación al frente de una empresa que fue fundada en los años cincuenta del pasado siglo por su padre, Jesús Álvarez, y que ahora dirige Eva Álvarez, nieta del fundador.
La empresa nació como taller de mecanizado y fundición de metales en el barrio de La Pomar, en La Felguera, y dependía, fundamentalmente, de los encargos de las grandes empresas de la región. La crisis de los sectores tradicionales puso contra las cuerdas al taller, al igual que a muchos negocios de la región. «Había que reinventar la empresa, darle un cambio de rumbo, porque si no moría, y así fue cómo empezamos a especializarnos en el sector eólico y en el de las válvulas industriales para petroquímicas y gasoductos», afirma Eva Álvarez. «En aquella época decían que la energía eólica tenía futuro, pero nadie arriesgaba. Nosotros lo hicimos, compramos maquinaria en un momento difícil, fabricamos piezas para los primeros prototipos que se instalaron en España y ahora, con la expansión del sector, los grandes fabricantes internacionales de aerogeneradores nos encargan los componentes», afirma Juan Jesús Álvarez mientras recorre la nave industrial de la empresa en la Ciudad Tecnológica de Valnalón. Se instalaron allí en 1992 y han tenido que realizar varias ampliaciones, para las que han contado con ayudas de fondos mineros.
En el taller trabajan actualmente 49 operarios y la compañía busca personal cualificado para seguir creciendo. «En este sector es difícil encontrar gente formada, se echan de menos las antiguas escuelas de oficios porque la formación profesional no está respondiendo a las necesidades de los empresarios», apunta Eva Álvarez, tercera generación al frente de la empresa, que considera el premio que les entregará mañana Sodeco en El Entrego «un reconocimiento a mi padre, a mi tía y a mi abuelo, que han dedicado toda la vida al trabajo».
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