CARLOS CUESTA
Sama vuelve a su reposo normal, cotidiano, laboral y mercantil, como el resto de ciudades del Valle del Nalón que ven avanzar el verano y celebrarse sus tradicionales fiestas. En el caso de Sama, la comisión festera de Santiago puede estar tranquila y satisfecha del resultado de su trabajo abnegado, altruista y decantado hacia la colectividad. Es suficiente. La crisis que vive entre todos impidió llevar a cabo unos festejos con pretensiones superiores. Todo se andará y llegarán tiempos mejores.
Lo cierto es que Sama, la capital administrativa del concejo langreano, es un distrito que busca reconstruir su pasado medieval, ahondar en la memoria de su realidad histórica y no perder nunca sus raíces mineras, industriales y culturales. Todo este tinglado inmemorial agarrado a sus vivencias de otro tiempo, una vez recuperado, es lo que forja la verdadera historia y los ideales de pueblo cosmopolita, integrador y habitable. Así observo a esta población a las orillas del padre Nalón, un rincón que sabe como pocos defender su pasado para de esa manera ganar el futuro. Sama tiene unos antecedentes preñados de valor, de anales infanzones, de epopeyas, leyendas, mitos y reivindicaciones. De protohistoria cabal, de linajes, de gestas, hechos siempre anudados a Langreo, su inseparable territorio mayor y alfoz de nombradía antañona y proyección popular.
Y Sama sigue ahí, tranquila, sosegada y agarrada de verdad a ese río Nalón que desciende desde las alturas de Tarna limpio y humanizado. Ya no es aquel cauce pleno de suciedad y deshechos carboneros. Hoy refleja sahumerio y aromas, donde sus orillas nos acercan a esa foresta espontánea y olorosa que deja huella natural en el entorno. Pero Sama siente mucho ese pasado, histórico y medioambiental, y quiere cabalgar al porvenir con trotes discretos a sabiendas de que esta villa minera y cosmopolita tiene esperanza en sus moradores, que a fin de cuentas son sus verdaderos artífices, auténticos pulmones perfectamente oxigenados para dar vida a ese cuerpo geográfico, todo un corazón que nunca deja de latir. Sama vive y desea arañar a su historia todo su significado para alimentarse de pasión, de entusiasmo y de esa memoria fundamental para seguir siendo fiel a sí misma.