DAVID GARCÍA MENÉNDEZ
Fotógrafo, expone su muestra «Lienzos industriales» en el Museo de la Siderurgia
Langreo, L. M. D.
David García Menéndez (Sama, 1978) es un joven fotógrafo natural de Langreo pero afincado desde hace unos años en Barcelona. Desde ayer expone en el Museo de la Siderurgia la muestra «Lienzos industriales. (Langreo, s. XXI)», que podrá verse hasta el 15 de noviembre. Las ruinas de Nitrastur y minas abandonadas en el valle del Samuño son sus modelos. Como él mismo dice, «mientras nuestros mayores vivieron su esplendor y sacrificio, a nosotros nos toca vivir sus restos».
-¿Por qué retrata ruinas industriales?
-Me gusta fotografiar todo lo que me rodea, todo lo que me llama la atención. A veces es hasta excesivo, por lo menos eso me dicen los amigos. Pero desde pequeño me gustaban estas instalaciones. De niño, por la noche, nos subíamos a las tolvas del lavadero de Modesta a mirar el cielo. Esas industrias en decadencia son parte del paisaje de las Cuencas y crean lugares realmente bellos. Las fotografías de la exposición se asemejan más a cuadros, a composiciones de color, que a fotografías. A veces me pregunto si no seré un pintor frustrado...
-¿Cómo descubrió estos lugares?
-Durante tres años trabajé como repartidor de pizzas, las llevaba desde Carbayín a Blimea. Encima de la moto, yendo de pueblo en pueblo, descubrí muchos lugares a los que luego regresé para hacer fotos. Considero los lugares abandonados como refugios; me encanta visitar los esqueletos de la industria. Luego la curiosidad también me descubrió más sitios que considero especiales: el pasadizo del pozo Fondón, el lavadero del Ponticu...
-Tras tanta industria «muerta», ¿no le gustaría retratar la que sigue viva?
-Me encantaría, el problema es que es muy difícil conseguir los permisos adecuados y todavía no lo he logrado. Pero por el momento no soy nadie y me conformo con las ruinas.
-Ahora vive en Barcelona. Desde la distancia, ¿qué es lo que considera más fotografiable de las Cuencas?
-Hay muchas cosas bellas, que merecerían estar en cualquier exposición. Pero suelo fijarme mucho en los detalles, y una de las cosas que me llaman la atención de las Cuencas es que muchos de nuestros mayores eran verdaderos inventores. Llegaron a la zona con el auge de la minería, no había normas urbanísticas y cada uno acabó construyendo su casa como le daba la gana. Esto generó una arquitectura muy particular, en la que todo valía. Sólo hace falta pasear por algunos barrios de Langreo, como La Joécara, El Fondón, El Ponticu... son lugares que me parecen especiales, de una belleza particular, difícil de encontrar en cualquier otro lugar.
-Tras esta exposición, ¿en qué otras muestras quiere trabajar?
-No tengo nada preparado, pero si expusiese otra vez en Langreo, me gustaría mostrar estos barrios tan especiales. Son lugares que sólo existen aquí, únicos, llenos de pequeños detalles.