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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ Los recientes actos vandálicos de Pozuelo de Alarcón y Lequeitio (me niego a escribirlo con «k») , extrapolados mediáticamente hasta la saciedad, traen a la luz otros más cercanos a nuestro entorno y que, por ende, padecemos demasiado a menudo.
Cierto es que -de momento- no llegan a extremos como los citados, pero no resulta difícil intuir que el día menos pensado las cosas irán subiendo de tono. Por nuestras Cuencas existen zonas muy concretas en las que el desmadre, básicamente los fines de semana, suele ser generalizado.
Los excesos alcohólicos, y otras cositas, resultan un verdadero calvario para los colectivos vecinales donde se asienta la denominada movida.
Con independencia de no poder conciliar el sueño, los amaneceres son dantescos, con portales y zonas adyacentes que son todo un poema. Vómitos, meadas, pintadas, cristales por doquier, destrozo de mobiliario urbano, contenedores y todo lo que pillen. El muestrario resulta amplio, pues dentro de este apartado se podría incluir a los émulos de Fernando Alonso, bien en coches, motos o quads, que se pasan la noche «entreteniendo» al personal. Los idiotas de la música del chunta-chunta a todo volumen en horas intempestivas, o los que aprovechan un final de fiesta para destrozar todo lo que encuentran a su paso. Algunos con alevosía, como los descerebrados que de nuevo vuelven a desguazar una de las vacas que están ubicadas en la rotonda que da acceso a Riaño. A este paso la Comisión de Fiestas de San Martín va a tener que incluirlo en su programación como evento negativo.
La solución del problema, evidentemente, resulta compleja. Pero cualquier persona en sus cabales entiende que existe un exceso de permisividad y nulo control, tanto por parte de las autoridades, como de los propios padres. Todo ello adobado con la casi certeza de que nunca pasa nada. Los unos por mirar para el tendido, y los otros por alcahuetes.
Si se les obligase a pagar los desperfectos, castigos ejemplarizantes, o simplemente servicios sociales de cualquier tipo, otru gallu cantaría.
No parece excesivamente difícil poner este cascabel, pero la indiferencia de los responsables del todo nos va acercando paulatinamente hacia una traca final nunca deseable. Luego vendrán las lamentaciones y el intercambio de las culpas.
Mientras, estoicamente habrá que seguir soportando al cabrón que te mexa en el portal, se deleita chamuscando ruedas con su vehículo, esparce la basura de los contenedores, vomita, rompe bancos y señales, o no hay modo de que escuche su equipo musical en plan prudente. Hay más ejemplos, pero estos son suficientemente ilustrativos.
Pero lo peor será cuando a cualquiera se le crucen los cables y diga ¡basta de una puñetera vez!. Curiosamente, le van a llover los problemas. Casos documentados existen. Porque a este paso cualquiera puede tener la sensación de que el mundo funciona al revés. Sin ir más lejos, todo lo aquí expuesto.
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