Pola de Laviana,
Elena PELÁEZ
«La Revolución de Octubre de 1934 era necesaria, pero ni se acertó con el momento ni con el planteamiento», aseguró el escritor Francisco Trinidad, que fue ayer el primero de los conferenciantes de las jornadas que organiza, en Pola de Laviana, la Fundación Emilio Barbón, en el 75.º aniversario de la insurrección asturiana.
La enseñanza que nos queda, destacó Trinidad, es que «las revoluciones hay que hacerlas a través de las urnas porque si no el coste es muy doloroso». El escritor considera que «si falló la práctica es porque posiblemente había fallado la teoría». «Era para que España se levantara, pero sólo lo hicieron los mineros, que eran pocos y lo único que llevaban eran madreñes, no tenían apenas armas, sólo cuatro escopetas y la dinamita que pudieron llevar de las minas», indicó.
Trinidad defiende que este ciclo de charlas «nos tiene que estimular para enfrentarnos de nuevo a la historia y no tener miedo a las palabras», subrayó. Su conferencia, que sucedió a la inauguración de las jornadas por parte del alcalde de Laviana, Adrián Barbón, y del presidente de la Fundación Emilio Barbón, José Vicente Barbón, se centró en la revolución en Laviana, que fue, señaló, «un ejemplo en retaguardia». Analizó la forma en la que se organizó la vida cotidiana en el municipio en aquellas fechas y la situación vivida en los cuarteles de La Pola y Barredos. Este último «fue el primero que cayó en las Cuencas», señaló Trinidad.
Las diferencias apreciadas en Laviana vienen dadas por la menor presencia del «elemento obrero, de la minería», por el peso de la agricultura y la ganadería y su situación geográfica, entre los municipios del alto Nalón y el resto de la comarca, teniendo en cuenta, destacó, que se trata de «un municipio pequeño donde todos se conocen y las relaciones se atemperan».
El escritor aludió en la conferencia al bando publicado en Laviana durante la Revolución en el que se prohibía el pillaje bajo penas severas. Asimismo, una vez concluida la insurrección, subrayó Francisco Trinidad, «las fuerzas vivas del concejo elaboraron una instancia al presidente del Consejo de Ministros que estaba firmada por casi todo el vecindario pacífico en el que se pide respeto con los revolucionarios porque se habían comportado».
Etelvino González López, doctor en Filosofía de la Educación, disertó a continuación sobre la figura del profesor Alfredo Mendizábal como testigo de excepción de la Revolución de Octubre en la capital de la región.