JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ
En Abril del 2001, con este mismo titular y en estas páginas, escribía sobre lo que comentaba un amplio grupo de conocidos con currículo de raigambre en Sama. Les preocupaba la situación pésima -a todas luces- de la capital del concejo de toda la vida.
Me referían, entonces, el paulatino deterioro de la villa. Tampoco se tenían que esforzar mucho, dado que saltaba a la vista, e incluso los agravios comparativos con alguna otra zona del distrito parecían sangrantes, o eso les parecía. Citaban un montón de casos, como pérdida de servicios básicos y peso especifico en el conjunto de Langreo.
Bueno, nada novedoso apostillaría yo, si acaso el despertar de la tradicional apatía de la mayoría de nosotros, que habitualmente glayamos y esbardiamos mucho en les tertulies y los chigres, o en el salón de casa, pero al final se queda todo en eso. Incluso tenían previsto en demandar al Ayuntamiento por dejación de funciones, o incumplimiento de las promesas de siempre. ¿El final? Nada.
Ahora mismo vuelve a surgir un movimiento ciudadano en Sama, que como carta de presentación nos dicen que «estamos hartos de asistir impasibles al progresivo deterioro que ahoga nuestra villa», y que de una dichosa vez se van a sacudir la modorra, y salir a la palestra para denunciar todo lo que no les gusta.
Avisan que sus pretensiones son totalmente ajenas a intereses políticos o partidistas, y que su campo de actuación va dirigido en un amplio abanico que de algún modo pueda beneficiar a los intereses de Sama. Quieren despertar inquietudes, y cooperar a solucionar el deterioro, que según ellos, su entorno padece.
Como primer paso, tienen la intención de reunirse todos los martes en la Sociedad La Montera, a las doce del mediodía, con debates abiertos, intercambio de opiniones, o denuncias contrastadas que puedan servir de base para actuaciones posteriores.
Con independencia de que algunos de los convocantes son viejos conocidos míos -no me gusta utilizar el término amigo- la idea me parece muy buena. Por lo cual sería deseable que no se volvieran a repetir los errores de hace ocho años en los que tras el «calentón» del inicio todo se difuminó. Por lo tanto espero que el proyecto se consolide, y sobre todo que siga adelante, para que -obviamente- los resultados que estos salmerones de pro se marcan, arriben al puerto apetecido.