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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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DIANA PÉREZ GARCÍA Cuando decidí hacer las maletas y marchar de mi Asturias natal creo que no era consciente de todo lo que estaba dejando atrás. Aún recuerdo ese día de enero, hace ya casi nueve años, en el que me embarqué en un viaje que aún no he acabado. Llegué a Andorra con una maleta y una tabla de snowboard. Y es que no necesitaba nada más, mi intención era quedarme sólo un invierno...
Hasta ahora puedo decir que lo más importante que he aprendido en estos años que he estado lejos de mi tierra no han sido el cúmulo de experiencias vividas en mi otra patria, Andorra, sino que lo más significativo ha sido aprender a sentir más fuertes mis raíces langreanas, asturianas. El sentimiento de añoranza que un emigrante tiene cuando está lejos puedo asegurar que es de una ternura indescriptible.
Aun con este sentimiento, yo tengo que agradecer muchas cosas al país que me acogió, Andorra. No fue fácil, lo reconozco, pero tampoco me puedo quejar. Mi opción desde el primer día que pisé el Principat fue integrarme, aprender las costumbres y peculiaridades andorranas, su idioma, el catalán, e impregnarme del talante de sus gentes. De esta manera, mi vida aquí ha sido mucho más confortable. Estar aquí también me ha conllevado a tener que hacer grandes esfuerzos y sacrificios, como por ejemplo estudiar mi carrera a distancia. Por eso creo que inevitablemente, para mí, es imposible no enfadarme de vez en cuando con las rutinas, con los hábitos y con el automatismo de este pequeño país.
Aunque parezca paradójico, Andorra me ha enseñado a amar mucho más Asturias. Andorra me ha enseñado que sus bosques son bonitos, pero los asturianos, aún más, ya que los abetos y los pinos son preciosos, pero los robles y los castaños son sublimes. Aprender a estimar a tu patria gracias a la lejanía no tiene precio, pero yo se lo intento pagar a Andorra cada día con mi trabajo. El esfuerzo de integración ha valido la pena, lo puedo asegurar. Adoro mi trabajo de redactora y de fotógrafa en la Agencia de Noticias Andorrana, desde donde somos los primeros que informamos de todos los acontecimientos que transcurren en el país. El mundo periodístico andorrano está exento de grandes titulares y de grandes exclusivas, pero estoy convencida de que hacer este trabajo es una manera de pagar al país lo que un día me dio: me acogió como a una hija suya más.
Pero, ¿qué tiene este país? Pues muchos secretos que la mayoría de gente desconoce y que sólo unos privilegiados han podido descubrir. Andorra engancha por infinidad de razones, lo reconozco. Por eso, si algún día deciden venir al país de los Pirineos, les daré un consejo: salgan de la arteria comercial, remonten las montañas, respiren hondo, capten la esencia de este pueblo y guárdensela. De la misma manera que cuando regreso a Asturias me impregno de la tierra que me vio nacer y tengo el sentimiento de volver al vientre de mi madre. Y eso me llena de vida.
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