«Yo me sentía frustrada como madre porque no sabía cómo enfrentarme a la educación de mi hijo de diez años. No dejaba de preguntarme si era una mala madre o qué hacía mal; por eso estoy tan agradecida de todo lo que hemos aprendido, nos ha venido muy bien». María Dolores Álvarez es una de las participantes en el programa de orientación familiar desarrollado en San Martín. Todos ellos recibieron un diploma acreditativo y algunos compartieron las experiencias extraídas en las sesiones desarrolladas desde el pasado mes de abril.
«No entendía por qué era tan complicado ser madre; la mía había criado a tres niños y yo no podía con uno», relató Álvarez que junto a su marido, José María Linares, explicó algunos de los cambios surgidos en la convivencia familiar. «Una de las técnicas que aprendimos es la de dar recompensas por el esfuerzo. Hicimos unas cartulinas y cuando llega a un número determinado le damos un premio; son las mismas cosas que antes quizá le comprabas sólo porque te las pedía pero ahora suponen una recompensa por un esfuerzo que haya realizado», concluye esta madre de El Entrego.
Por su parte, Gemma Miranda, madre de dos niños, resaltó la importancia de los conocimientos adquiridos. «Es un privilegio haber participado y creo que una experiencia así puede venirle bien a todo el mundo. Ha habido un antes y un después a raíz de este curso», indicó Miranda.