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Olvidarte quiero

El año 2009 ha sido especialmente malo en materia económica, social y hasta en catástrofes naturales

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Olvidarte quiero
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HERI GUTIÉRREZ GARCÍA Que te vaya bonito, querido 2009. Has sido un año especialmente malo, aunque algunos no opinen así, en materia económica, social y hasta en catástrofes naturales. En fin, como cualquiera de los hermanos que te precedieron. Pero permíteme que te califique como uno de los más aciagos desde que tengo memoria; considerar que poseo juicio o razón es mucho suponer. Te explico:

Cuando te preparábamos los pañales e íbamos despidiendo tu antecesor, en diciembre del viejo 2008, todos estábamos ilusionados y deseosos de que fueses el que rompiese la senda de caída en los datos económicos, que siempre deberían crecer. Y sí que rompiste, sí, pero la ilusión de muchos ciudadanos españoles que veían cómo sus empleos desaparecían por cierres de empresas, ERE, etcétera. Muchas fueron las familias que vieron a todos sus miembros en las desesperanzadoras listas del paro. Te malcriamos tanto, antes de nacer allá en el Cronos, que cuando llegaste no salió de tu garganta ni un llanto; venías terriblemente «sobrao» y con una fuerza de tus pulmones similar a la del velocista Usain Bolt al lanzarse sobre la meta en la final de los cien metros lisos de unos Juegos Olímpicos, que reventaste la burbuja inmobiliaria y así sembraste más desesperación, porque muchos ya no podían seguir viviendo del ladrillo y, mucho peor aún, cientos de miles eran incapaces de hacer frente a sus hipotecas, quedándose en la calle y saturando mercados. Fuiste un año, suerte de tomas falsas, catastrófico en lo humano; cómo si no se puede explicar que el «elegido y esperado», no nuevo mesías, pero casi, Barack Obama pudiese hablar de justificar las loables guerras, para salvaguardar la paz, cuando recibía el Premio Nobel de la Paz. ¡Dios mío, los petrodólares nos vuelven a todos chiflados! El poder -podéis cambiar la «p» por una «j» y veréis que sigue siendo lo mismo- de las corporaciones globales, el capital internacional que pone y quita a quien más y mejor le sirve. Garrotazos por doquier, zancadillas aquí, sablazos acullá... Y al que le nace para martillo, del cielo le caen los clavos, tocándole bailar con el palo de la escoba, ya ni siquiera con la más fea. Y que nos quedemos así, no sea que alguien siegue la hierba bajo nuestras plantas y resbalemos hacia el abismo.

Malo fuiste, amigo, terriblemente infausto e insolidario, y ése es el legado que le dejas a tu sucesor. Tanto, que ni nos atrevemos a abrirle los brazos esperanzados, temiéndonos una celada similar. Que te vaya bien en el cementerio de elefantes, donde reposes eternamente recreándote con las fechorías que nos infligiste. Porque es imposible que el ser humano pueda ser capaz de meter la pata tantas veces seguidas como este año. Nos hiciste un poco más egoístas, potenciaste tanto a figuras reaccionarias en puestos representativos que talmente parecían competir a nivel internacional por ser el padre del mayor despropósito. Permíteme, una vez más, vivir como un utópico y pensar que no es culpa suya, nuestra, y que todo se debió a un bebedizo o éter insustancial que nos administraste en la madrugada en que naciste, en la que todos estábamos eufóricos celebrando tu llegada.

Sí te he de reconocer, en cambio, una cosa buena; paradójicamente, con todo lo despiadado que fuiste, nos hiciste retomar modos de consumo y de vida más terrenales, cabales, diría. No era normal que la parte de la renta familiar que destinábamos al ahorro se hubiese reducido en más de un 35% en las dos últimas décadas, y eso es mucho. Y ahí, señor mío, en pleno acto de amor, hiciste acto de presencia con la guadaña ciega. Cambiaste hábitos de consumo, desplazando los que se estilaban dentro del terreno irracional hacia los que se producían tras, al menos, unos breves momentos de reflexión.

Para terminar, y aunque eso es algo que en tus predecesores ya ocurría, porque lo lleváis como herencia genética, en el insensible turbar del reloj de arena que marca nuestro fin, decirte que algunos te recordaremos, a pesar de este quererte olvidar, porque nos despojaste de conocidos, amigos, queridos amigos y familiares, más queridos aún, carne y sangre como la nuestra, de todo tipo y condición. Y eso no te lo perdonaremos nunca. Por eso queremos mirar hacia el futuro con esperanza, pensando que los buenos tiempos están en la recámara, por llegar, porque por mucho que me lo quieran enmendar, queridos amigos míos, la historia nunca está escrita de antemano. Nosotros somos los que la ideamos, sembramos y vivimos, con esperanza ilusión y deseos de crecer. Feliz 2010 a todos.

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