Langreo,
Miguel Á. GUTIÉRREZ
Jornada 24 del Campeonato Nacional de Liga. Ante un estadio de El Molinón abarrotado, David Barral aparece por el segundo palo para marcar el gol que allanaba el camino de la remontada del Sporting frente al Osasuna. Pocos se dan cuenta pero, en la celebración, el dedo del delantero se dirige al cielo en recuerdo de Belarmino Álvarez, un sportinguista de Ciaño que llevó la militancia rojiblanca hasta las últimas consecuencias. Álvarez, fallecido el pasado mes de diciembre a los 65 años, disfrutó como nadie de las victorias de su equipo, renunciaba a la cena cuando tocaba perder y fue incinerado con los colores rojiblancos por deseo de su familia. «Seguro que tuvo que llevarse una sorpresa cuando llegó al Cielo vestido con la camiseta del Sporting», comenta con cariño su hija.
María José Álvarez exhibe los últimos de carnés de socio de su padre mientras ordena recuerdos en la cochera familiar, convertida en un auténtico santuario sportinguista gracias a los fetiches atesorados por Belarmino a lo largo de su vida. La hija de este vecino de Ciaño, que a lo tres años ya se sabía la alineación del Sporting, desempolva episodios de su infancia rodeada de banderines, recortes de prensa, escudos, entradas y fotografías. «Mi padre trabajó como conductor de Autobuses de Langreo y le recuerdo en la cocina con el cuadrante de los turnos en una mano y el calendario de los partidos en la otra, tratando de adaptar los descansos para poder ir al fútbol».
Álvarez siguió al Sporting en muchos de los desplazamientos del equipo, se pasó horas en una silla de playa esperando a que abrieran las taquillas en los partidos importantes e incluso sufrió una inoportuna caída en la «tribunona». «Era un partido en que el Sporting se jugaba mucho. Él tenía ganas de ir al baño, pero se aguantó hasta que el Sporting marcó el tercero y la victoria no corría peligro; después, con las prisas, tropezó bajando por la grada y se rompió el tobillo», relata su hija.
María José fue quien tuvo la idea de que su padre fuera incinerado con la camiseta del Sporting. «En casa somos creyentes y sabemos que él nos esta viendo. Estoy convencida de que todo esto le habría hecho mucha ilusión», indica. Otro hijo de Belarmino, José Luis, pensó que también sería un buen homenaje póstumo que un jugador rojiblanco le dedicara un gol: «El siguiente partido era frente al Valladolid, así que mi hermano se enteró de que Barral iba a jugar de titular, se puso en contacto con él y le pidió que se lo dedicara a mi padre en caso de marcar».
El delantero sportinguista tuvo oportunidad de cumplir su promesa en el encuentro disputado frente al Osasuna. «La dedicatoria fue muy emotiva. Barral se ha portado genial con nosotros», explica María José Álvarez, que recientemente también pudo encontrarse con el jugador rojiblanco: «Me firmó una camiseta y una foto de un desplazamiento del Sporting en la que él salía con mi padre. Me dijo que para él era un orgullo dedicar un gol a una persona que tenía tanta afición por el equipo; mi hermano y yo ya éramos muy seguidores de Barral, pero a partir de ahora lo seremos mucho más».
La hija del aficionado langreano ha heredado la pasión por el Sporting y ahora espera poder obtener el número de socio que tenía su padre. También quiere mantener su fidelidad a los colores rojiblancos hasta el final. «Lo de mi padre no fue premeditado, pero yo ya he dicho que, cuando llegue el momento, quiero que me incineren con la camiseta, la bufanda y hasta un coletero rojo y blanco que tengo», sentencia.
Belarmino Álvarez era un rostro habitual en las concentraciones del Sporting. Fijo en los partidos de El Molinón, el aficionado langreano acompañaba cuando tenía ocasión al equipo en sus desplazamientos. En la imagen, Álvarez, junto a David Barral, en unos de los viajes del Sporting.