El Entrego, L. M. D.
La Dirección General de Formación del Principado pagó, entre 2006 y 2007, dos cursos de formación en Venturo XXI, de los que se beneficiaron 98 personas. A través de estos programas subvencionados, 66 llegaron a ser contratadas por la compañía que dirigen los empresarios extremeños Manuel y José Antonio Coronado, que ahora se encuentra en concurso de acreedores y con un expediente de extinción de empleo para 67 de los 73 empleados que mantenía la empresa a comienzos de este año.
Durante el periodo en el que estuvo al frente de la Dirección General de Formación, Paloma Sainz -actualmente portavoz municipal del PSOE en Oviedo y esposa de Víctor González Marroquín, presidente de la Sociedad Regional de Promoción (SRP) y miembro del consejo de administración de Venturo XXI (la SRP controla el 21% de su capital)- promovió al menos dos cursos de formación que beneficiaron a la compañía cartográfica. En el primero de ellos, organizado en 2006, participaron un total de 60 jóvenes, de los cuales 40 pasaron a formar parte de la plantilla. El segundo taller de formación concluyó a principios de 2007. Los diplomas acreditativos se entregaron el 9 de enero, en un acto al que acudieron tanto el consejero de Educación, José Luis Iglesias Riopedre, como Paloma Sainz. En este curso participaron 38 personas, de las cuales 26 fueron contratadas. Manuel Coronado afirmó entonces que «más de la mitad» de los 124 trabajadores que tenía la cartográfica «son jóvenes de la zona formados» a través de estos talleres.
Venturo XXI se creó en 2005, tras tener comprometidos 1,6 millones de euros de los fondos mineros. Llegó a las Cuencas de la mano del por aquel entonces nuevo director del Instituto de Desarrollo Económico del Principado de Asturias (IDEPA), Víctor González Marroquín . El también presidente de la SRP mantenía relaciones con los hermanos Coronado desde los años 90, cuando desarrollaba su carrera profesional en una compañía proveedora de materiales y software para empresas de topografía y cartografía. Tras su paso por Sadim, y al llegar al IDEPA, Marroquín ofreció a los empresarios extremeños sacar adelante este proyecto.
Fuentes relacionadas con la compañía aseguraron además que Venturo XXI pagó prácticamente siempre a los 73 empleados que, como mínimo, debía mantener para no devolver los fondos mineros y el crédito «blando» de dos millones que le concedió Sodeco. El resto, según estas fuentes, eran contratados gracias a cursos y ayudas de la Dirección General de Formación, que durante el primer año y medio de vida de Venturo XXI dirigió Paloma Sainz , esposa de Marroquín.