22 de mayo de 2012
22.05.2012
Lo que Duke me propone

Siempre nos quedará París

El abandono de las Cuencas, representado en la parálisis del centro de discapacitados o el soterramiento de Feve

22.03.2012 | 04:30
Siempre nos quedará París

Cascos asegura que Asturias está dando la espalda al PP, Cherines dice que no concibe Asturias dando la espalda al campo y la ganadería, y yo tengo una contractura dorsocervicolumbar de la madre que lo parió. Los otros no se qué dirán de esto de la espalda, pero parece que esta semana esa parte de la anatomía humana se ha convertido en tema de suma relevancia en nuestra región. Será que no tienen otra cosa en su cabeza. O será la mala conciencia. Negar la ayuda o abandonar a alguien a su suerte es algo a lo que nos tienen muy acostumbrados por estos lares. Ahí tenemos bien presentes las últimas acciones de la famosa espalda: dejar sin equipamiento el Centro de Discapacitados de Langreo, en Barros, la suspensión de las obras de soterramiento de las vías de Feve y la paralización sine die de la entrega del nuevo cuartel de la Guardia Civil. En suma, las tres obras de infraestructuras más importantes acometidas en Langreo en los últimos años. A cambio de ello la sucursal del actual Gobierno regional en este concejo le carga el muerto a la Alcaldesa, por no reclamar los fondos correspondientes, dicen. ¡Hay que joderse! Y, claro, lo dicen en campaña electoral porque, fuera de ella, permanecen calladitos, como sus patrocinadores de la capital. Desde mi niñez hasta ahora siempre llamó mi atención la Torre Eiffel. En las imágenes que me llegaban de esta espléndida obra de ingeniería siempre la encontré igual, lo mismo daba observarla desde los Jardines de Trocadero, desde el Campo de Marte o los Campos Elíseos, cambiaba el entorno pero la torre permanecía inmutable, se la veía igual desde todos los puntos de la ciudad. La torre daba cara a toda la urbe. Y hoy, hablando de dar las espaldas, me sorprendo de nuevo y me ratifico en aquella observación de mi infancia. No todos los monumentos importantes en cualquier lugar del mundo dan la cara, más bien todo lo contrario, y a las pruebas me remito. Con la mayoría de los políticos pasa lo mismo que con la mayoría de los monumentos, solo muestran su semblante a lo que les importa y cuando les conviene. Cuando no les importa o no les conviene dan la espalda a todo y a todos.


Y en este rinconcito de Asturias que tanto ha dado a la región y al país nos sentimos abandonados y solo alcanzamos a ver la espalda de quienes nos gobiernan desde Oviedo y desde Madrid, por no incluir a Bruselas. A lo largo de los años les hemos dado toda nuestra energía a través del carbón, del acero, del agua que calma la sed del centro de la región, que no nuestra sed. Durante mucho tiempo hemos sido receptores de un importante flujo de emigrantes que se han fundido con nuestra población y, como ella, han dejado en esta tierra su sudor, su sangre y su vida, en muchos casos. Sin embargo ahora que se ha ido el acero y se irá el carbón, cuando los emigrantes han regresado a sus respectivas tierras y a nuestros jóvenes no les queda otra alternativa que marcharse fuera de aquí, nos dejan un enorme socavón, dos edificios terminados sin equipar y ociosos, y sobre todo nos dejan con la amargura de la desesperanza. ¿Alguien dará la cara, como la torre parisina? Siempre nos quedará París.

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