
También llamadas agencias de calificación de riesgos, las más importantes son Moody’s, Fitch y Standard&Poor’s, todas ellas de capital estadounidense y pretendida vocación independiente de cualquier poder económico. Su función es la de ‘poner nota’ a la capacidad de solvencia de países, bancos y empresas después de analizar el riesgo de impago de sus obligaciones.
En este sentido, las calificaciones van desde la triple A, que significan la máxima puntuación y recogen una confianza total para hacer frente a la deuda, a la E, que es la más baja de todas y muestra la imposibilidad de pagar lo que se debe. Esas notas pueden ir acompañada de un signo + o – para indicar la posición relativa dentro de esa calificación.
Las agencias de rating están en el ojo del huracán por su imprevisión de la crisis –otorgaron calificaciones positivas a bancos como Lehman Brothers poco antes de su bancarrota en septiembre de 2008– y por generar incertidumbre entre los inversores con dictámenes excesivamente negativos. Además, se desconfía de su enfoque y composición mayoritariamente estadounidense, por lo que la UE está dejando caer su intención de crear una agencia netamente europea que comprenda y analice mejor la situación de los 27.